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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Luz Inmortal 3 -Boletin Claridad
Fecha:Miercoles, 19 de Octubre, 2005  13:37:07 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano
Director: Juan Angel Moliterni

 

   

LUZ INMORTAL

Por Amma

 

Hay una verdad eterna que permanece inmutable a pesar de la erosión del tiem­po. Llegar a ser consciente de esa verdad es la meta de toda vida humana. De vez en cuando, algunos Mahatmas (Grandes Almas) adoptan un cuerpo humano y se muestran entre nosotros para tomarnos de la mano y conducimos hacia ella. Repiten el mensaje de las Escrituras y, añadiendo la dulzura de su propia expe­riencia, nos lo brindan en un estilo adap­tado a nuestra cultura y a nuestra época. Las palabras de Amma son luces infalibles que guían a los que se debaten en las tinieblas de la ilusión materialista hacia el retorno a la estancia de la propia identi­dad, al interior de sí mismos. 

  

EL ALIMENTO

 

 

Hijos míos, nada de lo que comemos es puro producto de nuestro esfuer­zo personal. Lo que viene a nosotros en forma de alimento es fruto del trabajo de nuestros hermanos los hombres, de la generosidad de la naturaleza y de la benevolencia de Dios. Incluso si posee­mos millones de dólares, tenemos cons­tante necesidad de alimento para saciar el hambre. ¿Acaso se pueden comer los dó­lares? Por consiguiente, no comáis nunca sin rezar previamente con humildad.

 

Hijos míos, comamos siempre senta­dos. No comáis de pie o paseando.

 

Mientras comemos, nuestra atención no debería estar exclusivamente concen­trada en el sabor. Imaginemos que la Divinidad elegida o nuestro Maestro se ha­llan presentes en nosotros y que los alimentamos. De esta forma, la acción de comer se transforma en un sadhana. No habléis mientras coméis. Igual que ali­mentamos a los pequeñuelos, imagine­mos que damos de comer a nuestra amada Divinidad. En la medida de lo posible, todos los miembros de la familia deberían comer juntos. Tomad un poco de agua en la palma de la mano derecha y recitad el mantra de la alimentación o vuestro propio mantra (u oración). Inmediatamente después, pasad la mano por encima del alimento tres veces en el sentido de las agujas del reloj; luego, bebed el agua. Cerrad los ojos y rezad algunos minutos: “Amado Señor, que este alimento me dé la fuerza de llevar a cabo Tu obra y de realizarte a Ti”.

 

Si tenéis animales domésticos o pája­ros en casa, alimentadlos antes de tomar vuestra comida. Esforcémonos en ver a Dios en cada ser vivo y démosle de comer con este estado de espíritu.

 

Tomad vuestro alimento mientras re­petís el mantra. Hacerlo así purificará a la vez el alimento y vuestra mente.

 

La disposición mental de quien prepa­ra el alimento se transmite a los que lo toman. Por este motivo, en la medida de lo posible, las madres deberían cocinar para toda la familia. Si mientras se prepara la comida se recita el mantra, el alimento aprovechará a todos espiritualmente.

 

Hijos míos, considerad el alimento como si fuera la Diosa Lakshmi (la diosa de la misericordia y prosperidad), y recibidlo con devo­ción y reverencia. El alimento es Brahma (el Ser Absoluto). Al comer, no discutáis nunca acerca de las faltas de los demás ni de sus limitaciones. Tomad el alimento como si fuera el prasad (ofrenda) del Señor.

 

Después de las oraciones y antes de empezar a comer, cada uno puede dar a su vecino una pequeña porción de comi­da. Esta acción contribuirá a incrementar el amor mutuo y el afecto entre los miembros de la familia.

 

Hijos míos, no podremos controlar nuestra mente sin controlar también nues­tro deseo del sabor. La salud, y no el sabor, debería ser nuestro primer cuida­do al seleccionar el alimento. No disfruta­remos de la amplitud del corazón sin antes haber renunciado al placer del paladar.

 

Los que entre nosotros ejercitan un sadhana deberían cuidar de consumir tan sólo un alimento vegetal sencillo y fresco (nutrición sáttwica). Es preferible evitar los platos excesivamente salados, azucarados, sazonados con especies, o ácidos. Nuestra mente está constituida por la esencia sutil de lo que comemos. La pureza de los alimentos contribuye a la pureza de nuestra mente.

 

Hijos míos, tomad un desayuno ligero. Incluso sería mejor abstenerse de desayu­nar. Comed la cantidad deseada en el almuerzo y una cena ligera por la noche.

 

Hijos míos, no llenéis del todo vuestro estómago. Una cuarta parte debería que­dar vacía. Lo cual ayudará a nuestro cuerpo a digerir correctamente la comida.

 

Si comemos hasta la saciedad, incre­mentamos el esfuerzo del corazón.

 

Un exceso de alimentación es peligro­so para nuestro sadhana tanto como para nuestra salud. Hijos míos, perdamos la costumbre de tragar cualquier cosa en cualquier momento. Someterse a la regu­laridad en cuanto a las horas y en cuanto a la cantidad en las comidas es bueno para la salud y para el control mental.

 

Comed para vivir y no viváis para comer.

 

No tomar más de una comida los días de fin de semana y practicar el lapa (el estudio espiritual), y la meditación en casa o en un Ashram, es una práctica excelente. Pasar gradual­mente de una comida al día a un ayuno completo durante esos días mejorará nuestro sadhana y nuestra salud en ge­neral. No consumáis otra cosa que no sea fruta si no es posible un ayuno completo. Los días de plenilunio y de novilunio son buenos momentos para ayunar.

 

 

La acu­mulación de materias fecales en el cuerpo representa un obstáculo para la concen­tración y entorpece el pensamiento. Dos veces al mes deberíamos limpiar profundamente los intestinos, esta es una práctica excelente, especialmente para los que siguen un sadhana (disciplina espiritual).

 

Para el sadhana, se reco­mienda pasar poco a poco a una dieta vegetariana. Hijos míos, poner punto fi­nal a una costumbre, sea la que sea, es extraordinariamente difícil. Estudiad vues­tra mente y, con el tiempo, convertíos en su maestro.

 

Todo el mundo sabe que fumar y beber alcohol es malo para la salud. No obstante, a la mayoría de las personas que han contraído tales hábitos les parece difícil desembarazarse de ellos. ¿Cómo es posible que quien es incapaz de liberarse de las garras de un cigarrillo pueda espe­rar llegar a la realización de Dios? Los que no consiguen dejar de fumar desde la mañana hasta la noche, deberían masti­car un sustituto, como el regaliz, o beber un vaso de agua cuando le asaltan las ganas de fumar. Si lo intentamos sincera­mente, en un tiempo muy corto podre­mos renunciar al tabaco y a cualquier otro hábito negativo.

 

El café y el té quizá aportan un cierto estímulo transitorio, pero adoptar el hábi­to de beberlos, de hecho, perjudica a la salud. Abandonadlo también.

 

Mis queridos hijos, deberíamos tomar la firme resolución de renunciar total­mente al alcohol. Beber arruina la salud y la riqueza, debilita la fuerza mental y destruye la paz de la familia, todo a la vez. No consumáis alcohol, ni siquiera para complacer a los amigos.

 

Hijos míos, no toméis sustancia tóxi­ca. Nosotros, que hemos de servir al mundo, no deberíamos arruinar nuestra salud con tabaco y alcohol. El dinero que derrochamos de esta forma podría ser útil a otras muchas necesidades. Con el dinero que se va en humo, podríamos comprar miembros ortopédicos para los que los necesiten, pagar una operación de la vista a alguien que padece catara­tas o proporcionar una silla de ruedas a una víctima de la poliomielitis. Y si no hay otra cosa por medio, podríamos comprar libros espirituales para la biblio­teca local.

 

Dejar que se pudra la comida o echar una parte a la basura constituye una ofensa a la sociedad. Pensad cuánta gen­te sufre por no tener siquiera una comida al día. Cuando un vecino se muere de hambre, ¿se puede ser feliz saboreando una comida suntuosa? Hemos de ayudar a los hambrientos lo mejor que podamos. Tomemos conciencia de que alimentar a los que tienen hambre no es otra cosa que adorar a Dios.

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-Howard G. Hendricks

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