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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Luz Inmortal 6 -Boletin Claridad
Fecha:Martes, 25 de Octubre, 2005  12:10:00 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano
Director: Juan Angel Moliterni

 

   

LUZ INMORTAL

Por Amma

 

Hay una verdad eterna que permanece inmutable a pesar de la erosión del tiem­po. Llegar a ser consciente de esa verdad es la meta de toda vida humana. De vez en cuando, algunos Mahatmas (Grandes Almas) adoptan un cuerpo humano y se muestran entre nosotros para tomarnos de la mano y conducimos hacia ella. Repiten el mensaje de las Escrituras y, añadiendo la dulzura de su propia expe­riencia, nos lo brindan en un estilo adap­tado a nuestra cultura y a nuestra época. Las palabras de Amma son luces infalibles que guían a los que se debaten en las tinieblas de la ilusión materialista hacia el retorno a la estancia de la propia identi­dad, al interior de sí mismos. 

Amma estará en Barcelona los próximos 5, 6 y 7 de Noviembre

  

LA REALIZACIÓN

 

 

Cuando los hijos han crecido y ya son capaces de proveer a sus propias necesidades, los esposos deberían llevar una vida espiritual mediante el desarrollo de su espíritu y la consagración a la meditación, al estudio espiritual y al servicio desinteresado. Para que esta transición sea posible, es preciso cultivar desde el principio un sentimiento de gran adhesión al Señor, y sólo a Él. Sin un vínculo espiritual de esta índole, la mente se enredará aún más con sus cadenas: primero, con los hijos, después con los nietos, y así sucesivamente. De esta forma, si permitimos la persistencia de tales ligaduras, echaremos a perder nuestra vida. Si, al contrario, consagra­mos nuestra existencia al sadhana (disciplina espiritual), nues­tro poder espiritual nos ayudará tanto a nosotros mismos como al mundo. Por consiguiente, tomad la costumbre de re­tirar vuestra mente de los innumerables temas mundanos y concentradla total­mente en Dios. Cuando vertemos aceite de un recipiente a otro, perdemos un poco en cada etapa; exactamente de igual forma, adhiriendo nuestra mente a muchos objetos, perdemos el poco poder espiritual que poseemos. Cuando el agua se recoge en un depósito, puede alimen­tar por igual a todos los grifos de la casa. Concentrando constantemente nuestra mente en Dios, sea cual sea el trabajo en el que andemos metidos, el beneficio llegará a todos los miembros de nuestra familia. El objetivo último no consiste en amontonar riquezas para los hijos y para la familia, sino que debería ser concentrarnos en nuestro propio desarrollo espi­ritual.

 

Hijos míos, el alma no es otra cosa que Dios. La auténtica ascesis es la acción que se emprende siendo constantemente cons­ciente de Dios.

 

Hijos míos, la meditación y el estudio espiritual no son las únicas formas de sadhana. El servicio desinteresado es también un sadhana. Y es el atajo más sencillo para el desarrollo de nuestro ser. Cuando compramos flores para un amigo, somos los primeros en disfrutar de su perfume y de su belleza. De la misma forma, me­diante el servicio desinteresado, ensan­chamos nuestros corazones y somos los primeros en saborear su dicha.

 

Antes de orar por nosotros mismos, deberíamos rezar para que el corazón y la mente de nuestros vecinos se transfor­men en bondad. Si un ladrón o un loco vivieran en la casa de al lado, ¿cómo podríamos dormir en paz? Viviríamos constantemente con el miedo a ser roba­dos o asaltados. Nuestro espíritu estaría inquieto y no nos permitiría abandonar nuestra casa ni siquiera cinco minutos. Roguemos a Dios para que nuestros veci­nos sean buenos. Lo haremos por nuestro propio bien y por nuestra propia paz. Sólo mediante tales plegarias por los demás podremos hacer que la espiri­tualidad se extienda y que se purifique nuestro corazón.

 

Hijos míos, no hurguéis en la vida de los demás ni comentéis sus faltas y fraca­sos; intentad, más bien, ver siempre el bien en el otro. Cuando nos herimos en la mano, no reprendemos a nuestra mano. Lo que hacemos es aplicar una medicina en la llaga y tratarla con mucho mimo. Deberíamos servir a los demás con la misma benevolencia, sin echarles en cara sus errores.

 

Si al andar pisamos una espina y ésta se nos clava en la planta del pie, todas las lágrimas que derramemos no nos librarán de la espina ni del dolor. Hemos de extraer la espina y aplicar una pomada a la herida. Igualmente, no hay que llorar por las cosas efímeras que nos hacen daño. Si esas mismas lágrimas se derra­maran por Dios, nuestra mente se limpia­ría y adquiriríamos la fuerza necesaria para superar los obstáculos. Por ello, mis queridos hijos, dejadlo todo en sus ma­nos y sed fuertes. ¡Llenaos de valor!

 

Hijos míos, llorar por Dios no es debi­lidad. Estas lágrimas lavan esas impure­zas que son los malos hábitos acumula­dos a lo largo de tantas existencias. La vela brilla con tanta más luz y resplandor cuanto más se derrite la cera. Del mismo modo, las lágrimas derramadas por Dios aceleran nuestro crecimiento espiritual. En cambio, cuando nos lamentamos por las cosas de este mundo o por nuestra familia, nuestra fuerza nos abandona y nos debilitamos.

 

Cuando hemos subido al autobús, ¿por qué seguir llevando nuestro fardo en la cabeza, lamentándonos de su peso? Pon­gámoslo en el suelo del vehículo. Igual­mente, abandonémonos todos en Sus pies de loto. Él velará por nosotros y nos protegerá. En la actualidad, andamos apenados porque aún no nos hemos entregado.

 

Hijos míos, sea cual sea la actividad que hayamos emprendido, seamos cons­cientes de que actuamos gracias a Su poder. A menudo vemos las señales de indicación a lo largo de las carreteras, pintadas con pintura reflectante; sólo cuando las enfoca la luz brillan. Del mismo modo, únicamente a través de Su poder somos capaces de actuar. Sabed que Él nos hace hacer todo. Nosotros no somos más que los instrumentos.

 

La concentración que necesitamos para contar los granos contenidos en un puña­do de arena, o la que se requiere para atravesar un río sobre una cuerda raída, es la concentración que tendríamos que desarrollar en todo lo que hacemos.

 

Hijos míos, el principio de la no-violencia debería convertirse en el propósito de nuestra vida. Se trata de abstenerse de producir ningún mal a nadie, ya sea por pensamiento, palabra o acción.

 

Sólo abriendo nuestro corazón y nues­tro espíritu podremos hallar Su mundo lleno de dicha en medio de este mundo saturado de obstáculos. Hijos míos, sin el espíritu del perdón y de la humildad no podemos conocer a Dios ni atraer hacia nosotros la gracia del Maestro. Un ser valien­te es aquél que puede perdonar incluso cuando la cólera se levanta de forma incontrolable. Cuando apretamos el bo­tón, el paraguas se despliega y nos prote­ge de la lluvia y del sol. Pero si el botón no quiere funcionar, nada de esto sucede. Cuando la semilla se hunde en la tierra, germina y se convierte en árbol. Al trans­formarse en árbol, podemos atar a él incluso un elefante. Pero si la semilla no quiere someterse, se niega a salir del cesto de las semillas y rehúsa desaparecer en la tierra, acabará alimentando a los ratones.

 

Hijos míos, la realización de Dios y la realización de la propia identidad es lo mismo. La realización de Dios no es otra cosa que poseer un corazón magnánimo, capaz de amar por igual todas las cosas.

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"La enseñanza que perdura
no se transfiere de cabeza a cabeza,
sino de corazón a corazón"

-Howard G. Hendricks

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“El verdadero servicio es la emanación espontánea de un corazón amoroso y de una mente inteligente, el resultado de hallarse en un lugar correspondiente y permanecer en él; el producto de la inevitable afluencia de la fuerza espiritual y no de la intensa actividad en el plano físico, es el efecto del hombre cuando expresa lo que en realidad es, un divino Hijo de Dios, y no el efecto estudiado de sus palabras o actos” -Maestro Djwhal Khul.

 

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