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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Luz Inmortal 10-Final -Boletin Claridad
Fecha:Viernes, 28 de Octubre, 2005  12:00:21 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

CENTRO ESCUELA CLARIDAD

CENTRO ESCUELA CLARIDAD
Centro de Educación para el Crecimiento, Desarrollo e Integración Global del Ser Humano
Director: Juan Angel Moliterni

 

   

LUZ INMORTAL

Por Amma

 

Hay una verdad eterna que permanece inmutable a pesar de la erosión del tiem­po. Llegar a ser consciente de esa verdad es la meta de toda vida humana. De vez en cuando, algunos Mahatmas (Grandes Almas) adoptan un cuerpo humano y se muestran entre nosotros para tomarnos de la mano y conducimos hacia ella. Repiten el mensaje de las Escrituras y, añadiendo la dulzura de su propia expe­riencia, nos lo brindan en un estilo adap­tado a nuestra cultura y a nuestra época. Las palabras de Amma son luces infalibles que guían a los que se debaten en las tinieblas de la ilusión materialista hacia el retorno a la estancia de la propia identi­dad, al interior de sí mismos. 

Amma estará en Barcelona los próximos 5, 6 y 7 de Noviembre

  

LOS TEMPLOS

 

 

Hijos míos, los Templos son lugares en los que, al menos por un instan­te, el recuerdo de Dios se enciende en nuestros corazones, que por lo demás están totalmente inmersos en las preocupaciones vinculadas al mundo. Pero no es necesario que nos quedemos pegados a los rituales de los templos hasta el fin de nuestros días. Nada malo puede suceder­nos si practicamos el lapa (Estudio espiritual) y la meditación cada día en la soledad, sin tener que entrar en ningún templo. Igualmente, si no somos capaces de establecer firme­mente al Señor en nuestro corazón, toda una vida empleada en visitas a los tem­plos no nos servirá de nada.

 

Cuando visitéis algún templo o vayáis a ver a algún Maestro espiritual, no os presentéis con las manos vacías. Ofreced algo en señal de respeto y entrega, aunque sólo sea una sencilla flor.

 

Hay una gran diferencia entre ofrecer una guirnalda de flores comprada en un almacén y una guirnalda hecha por noso­tros con flores tomadas de nuestro jardín. Cuando plantamos las flores, las rega­mos, las tomamos, componemos la guirnalda y la llevamos al templo, única­mente el pensamiento de Dios ocupa nuestro espíritu. El Señor acepta todo lo que se le ofrece con intenso amor. Cuan­do compramos una guirnalda en un alma­cén y adornamos con ella a la Divinidad, sólo hacemos un gesto ritual, mientras que la otra es una guirnalda de pura devoción y un acto de amor.

 

Hijos míos, cuando vayáis al templo, no tengáis prisa en tener el darshan (la visión) de la Divinidad, hacer algunas ofrendas y regresar apresuradamente a casa. Deberíamos permanecer allí en pie un instante, con paciencia, en silencio, e intentar visualizar a la amada Divinidad en nuestro corazón. De ser posible, sen­taos y meditad. A cada paso que deis, recordad la práctica de vuestro lapa (estudio espiritual). Si embargo, las ofrendas y la devoción no son necesarias; de todas las ofrendas que le hacemos, la que el Señor desea con mayor intensidad es nuestro corazón.

 

Hijos míos, si se nos dice que llevemos una ofrenda al templo o a los pies del Maestro, no se nos dice porque el Señor o el maestro tengan necesidad de riquezas ni de cualquier otra cosa. La verdadera ofrenda es la entrega de nuestra inteligencia y de nuestro corazón. ¿Cómo conseguirlo? No podemos ofrendar nuestra mente en el estado en que se encuentra actualmente, sino sólo las cosas a las que está apegada. Hoy, nuestra mente está profundamente apegada al dinero y a los restantes obje­tos materiales. Al poner esos pensamien­tos a los pies del Señor, le ofrecemos nuestro corazón. Tal es el principio que está en la base de los dones de la caridad.

 

Hay quien piensa que el Señor Shiva se encuentra únicamente en Kashi o que el Señor Krishna sólo se halla en Bridavan. Hijos míos, no creáis que Dios se ciñe a las cuatro paredes de un templo o queda limitado por los límites de una población.

 

Él es el Omnipotente y el Omnipresente. Puede tomar cualquier forma que elija. Deberíamos tener la capacidad de reco­nocer a nuestra amada Divinidad en todo. La devoción real consiste en percibir la forma bienamada de Dios no sólo en el templo, sino también en cada ser vivo y, en consecuencia, servido. Si la Divinidad que hemos elegido es Krishna, debería­mos ser capaces de ver a Krishna en todas partes, en cada templo, tanto si se trata de un templo dedicado a Devi o a Shiva. Hijos míos, no penséis que Shiva puede encolerizarse si no lo adoramos en un templo dedicado a Él, o que la Madre divina no quiere darnos su bendición si no la veneramos yendo a un templo consagrado a Ella. Una misma persona es llamada “esposo” por la mujer, “padre” por los hijos y “hermano” por la hermana. Tal persona no cambia simplemente por­que los demás la llamen con nombres distintos. Cada uno de nosotros reza a Dios bajo una particular forma y lo invoca en función de sus tendencias innatas y de su imaginación. ¿Acaso no nos servimos siempre del mismo nombre para designar a una misma persona? De esta forma, también respecto a Dios, necesitamos un nombre y una forma que nos guste. Podemos preguntamos: “¿Nos responde­rá Keshava si lo llamamos Madhava?”. Pero la verdad es que, en este punto, no nos dirigimos a un individuo cualquiera. Invocamos al Señor Omnisciente. Él co­noce nuestra mente. Sabe que nos dirigi­mos a Él, sea cual sea el nombre que para ello empleemos.

 

Hijos míos, podemos ir al templo, dar la vuelta reverentemente en torno al santuario y presentar nuestras ofrendas en el cofre reservado a los dones, pero si al salir le damos un puntapié a un men­digo que está en la puerta, ¿de qué sirve nuestra devoción? La compasión hacia los pobres es nuestro deber hacia el Señor. Amma no dice que tengamos que dar dinero a todos los mendigos que encontremos sentados a la entrada de los templos, pero sí afirma que no los despre­ciéis. Cuando sentimos odio hacia los demás nuestra mente se llena de impure­zas. La ecuanimidad de nuestra visión es Dios.

 

Las fiestas en los templos están desti­nadas a despertar espiritual y cultural­mente al pueblo. En nuestros días, los programas que se añaden a las fiestas sólo raramente sirven a este objetivo. En el recinto del templo deberían realizarse sólo aquellas actividades que hacen cre­cer en nosotros la espiritualidad. La at­mósfera del templo ha de vibrar con los Nombres de Dios. Una vez traspasada la puerta del templo, pongamos fin a todo parloteo inútil. Nuestra mente debe sumergirse del todo en el pensamiento de Dios. Hijos míos, rehabilitar la santidad de los templos es responsabilidad de los cabeza de familia. En consecuencia, quie­nes se interesan por nuestro patrimonio espiritual deberían trabajar al unísono con las cofradías vinculadas a los templos para tratar de poner remedio a la deplo­rable situación que actualmente impera.

 

Muchos sacerdotes y funcionarios de los templos son asalariados. Nadie debe­ría juzgar la religión basándose en las limitaciones de tales trabajadores. Sería preciso establecer reglas y leyes apropia­das para impedir que se conviertan en la presa de tentaciones materiales. Los auténticos guías espirituales de la religión son aquellos que se comprometen en un servicio desinteresado y consagran su vida a obtener la visión de Dios.

 

Son los seres humanos quienes insuflan energía vital al ídolo en el templo. Si nadie esculpiera la piedra, ésta no se transformaría en ídolo. Si nadie la instala­ra en un templo, no sería santificada. Si no fuera venerada, no acumularía ningún poder. De no mediar el esfuerzo humano, no podría haber templos. Por tanto, ¿qué mal hay en decir que deberíamos consi­derar a los Grandes Maestros como igua­les a Dios? Los templos consagrados por semejantes maestros espirituales poseen una peculiar energía espiritual, que les es propia.

 

En la antigüedad no había templos, sino simples linajes de Maestros y Discípulos. Los templos están destinados a los espí­ritus más débiles. Enseñamos a los niños ciegos mediante la escritura Braille. Uno podría preguntarse por qué lo hacemos así. ¿No se les podría enseñar de la misma manera que a los demás niños? No, no sería suficiente. Con los invidentes nos vemos obligados a utilizar este método especial. De igual forma, los hombres de nuestra época necesitan templos para establecer una conexión entre su mente y Dios.

 

Renovar los templos no significa erigir inmensos pórticos a la entrada o enormes cofres para recibir las ofrendas. Hemos de concentramos en la celebración regu­lar de los ritos de veneración de acuerdo con la tradición, los discursos espirituales, los cantos de devoción, etc. Nuestra devoción y nues­tra fe dan vida a los templos, no los rituales ni las ceremonias. Hijos míos, intentemos recordarlo cuando nos vemos implicados en la administración de los templos.

 

Ashrams y Maestros son los pilares de la cultura espiritual. Si practicamos nuestro disciplina espiritual siguiendo las directri­ces del Maestro, no necesitamos dirigimos a ninguna otra parte. Todo lo que nos sea necesario nos será dado por el Maestro.

 

Hijos míos, sólo podemos crecer espi­ritualmente si vemos al Maestro como una manifestación de Dios. El Maestro no está confinado a los límites del cuerpo. Cuando amemos desintere­sadamente al Maestro, podremos verle no sólo en su cuerpo, sino en todo lo que existe en este mundo, tanto si es animado como inanimado. Aprended a ver en seres y objetos el cuerpo del Maestro y, en consecuencia, aprenderéis a servirlos. El Ashram es el cuerpo del Maestro. El alma del Maestro está en sus hijos. Hijos míos, todos los servicios prestados al Ashram se hacen en favor del Maestro. El Ashram no es propiedad privada de na­die. Es un medio de llevar paz y serenidad al mundo entero.

 

El discípulo debe tener con el Maestro el mismo amor y adhesión que un hijo con su madre. Sólo con esta condi­ción se puede crecer espiritualmente. El lapa (estudio espiritual) y la meditación deben realizarse sin falta cada día. Sólo practicando el mantra regularmente sacaremos algún: beneficio de él. El conocimiento que dan los libros de agricultura no basta; hay que aplicado para obtener buenas cosechas.

 

“Con los alimentos que comemos nutrimos el cuerpo; lo que damos en caridad alimenta nuestra alma”.

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no se transfiere de cabeza a cabeza,
sino de corazón a corazón"

-Howard G. Hendricks

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“El verdadero servicio es la emanación espontánea de un corazón amoroso y de una mente inteligente, el resultado de hallarse en un lugar correspondiente y permanecer en él; el producto de la inevitable afluencia de la fuerza espiritual y no de la intensa actividad en el plano físico, es el efecto del hombre cuando expresa lo que en realidad es, un divino Hijo de Dios, y no el efecto estudiado de sus palabras o actos” -Maestro Djwhal Khul.

 

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