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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] ¿HUELES ESO?
Fecha:Lunes, 23 de Enero, 2006  09:17:44 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

Un Dulce Mensaje - ¡Ustedes son tiernamente amados!
De
www.kryon.org From: Susana Peralta

¿HUELES ESO?

Un frío viento de marzo bailaba en torno al silencio de la noche en Dallas cuando el
médico entró en la pequeña habitación de hospital de Diana Blessing.   Ella todavía
estaba atontada después de la cirugía. Su esposo David le sostenía la mano mientras se
daban fuerzas para recibir las últimas noticias.

Esa tarde del 10 de marzo de 1996, las complicaciones habían obligado a Diana, con un
embarazo de sólo 6 meses, a pasar por una cesárea de emergencia para traer al mundo a
la nueva hija de la pareja, Dana Lu Blessing.

De 30,5 cm. de largo y pesando sólo unos 707gr, ellos ya sabían que era peligrosamente
prematura. Aún así, las suaves palabras del médico cayeron como bombas. "No creo que
vaya a lograrlo", dijo tan gentilmente como pudo. "Sólo hay un 10 por ciento de
oportunidad de que pase la noche, e incluso entonces, si por casualidad sobrevive, su
futuro puede ser muy cruel."

Atontados por la incredulidad, David y Diana escucharon al médico describir los
problemas devastadores que Dana seguramente tendría que enfrentar si sobrevivía. Nunca
caminaría, nunca hablaría, probablemente sería ciega y ciertamente estaría predispuesta
a otras condiciones catastróficas desde parálisis cerebral a retardo mental completo,
etc.

"¡No! ¡No!", era todo lo que podía decir Diana.

Ella y David, con su hijo Dustin de cinco años, habían soñado largamente con el día en
que tendrían una hija para convertirse en una familia de cuatro. Ahora, en cuestión de
horas, ese sueño se estaba desvaneciendo.

Pero a medida que pasaban esos primeros días, se presentó una nueva agonía para David y
Diana. Debido a que el sistema nervioso de Dana estaba esencialmente "en carne viva",
el más ligero beso o caricia únicamente intensificaría su incomodidad, así que ni
siquiera podían acunar a su diminuta beba contra su pecho para ofrecerle la fortaleza
de su amor. Todo lo que podían hacer, mientras Dana luchaba sola debajo de la luz
ultravioleta en la maraña de tubos y cables, era rogarle a Dios que estuviese junto a
su preciosa niñita.

No hubo un momento en que Dana repentinamente se pusiese más fuerte. Pero a medida que
pasaban las semanas, lentamente ganó 31 gr. de peso aquí y 31 gr. de fortaleza allá.

Finalmente, cuando Dana cumplió los dos meses, sus padres pudieron sostenerla en sus
brazos por primera vez. Y dos meses después, aunque los médicos continuaban
advirtiéndoles gentil pero sombríamente que sus oportunidades de sobrevivir, no digamos
de vivir cualquier clase de vida normal, eran casi nulas, Dana se fue del hospital a su
hogar, tal como su madre había predicho.

Cinco años después, Dana era una niñita pequeña pero llena de vida, con brillantes ojos
grises y una insaciable sed de vivir y no mostraba ningún signo de discapacidad mental
o física. Simplemente, era todo lo que puede ser una niñita y más. Pero ese final feliz
está lejos de ser el final de su historia.

Una mañana abrasadora del verano de 1996 cerca de su hogar en Irving, Texas, Dana
estaba sentada en el regazo de su madre en las gradas de la  cancha local donde estaba
practicando el equipo de béisbol de su hermano Dustin.

Como siempre, Dana estaba charlando sin parar con su madre y varios adultos sentados
junto a ellas, repentinamente se calló. Cruzando los brazos sobre su pecho como
abrazándose, la pequeña Dana preguntó: "¿Hueles eso?"

Olfateando el aire y detectando la proximidad de una tormenta eléctrica, Diana
respondió: "Si, huele a lluvia." Dana cerró los ojos y pregunto otra vez: "¿Hueles
eso?"

Una vez más, su madre respondió: "Sí, creo que nos vamos a mojar. Huele a lluvia."
Todavía ensimismada, Dana meneó la cabeza, se palmeó los hombros delgados con sus
manitos y en voz alta anunció: "No, huele a Él. Huele a Dios cuando descansas tu cabeza
sobre Su pecho."

Las lágrimas enturbiaron los ojos de Diana mientras Dana alegremente se bajaba para
jugar con los otros niños. Antes de que llegase la lluvia, las palabras de su hija
confirmaron lo que Diana y todos los miembros de la aumentada familia Blessing supieron
todo el tiempo, al menos en sus corazones.

Durante esos largos días y noches de sus primeros dos meses de vida, cuando sus nervios
eran demasiado sensibles para que ellos la tocasen, Dios estaba sosteniendo a Dana en
Su pecho y es Su amorosa fragancia la que ella recuerda tan bien.

via Kristin Maurice