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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Construye tu destino 5 -Boletin Claridad
Fecha:Lunes, 12 de Junio, 2006  11:43:33 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

Construye tu destino

Manifiesta tu yo íntimo y realiza tus aspiraciones

Por Wayne W. Dyer

 
¿Cuántas veces, en un momento de desesperanza o de desconsuelo, te has dicho: «Necesitaría cambiar, pero soy así y no puedo hacerlo»? Todas esas veces te has engañado respecto a tu capacidad de actuar sobre tu destino. Porque dentro de ti tienes el poder para conseguir todo aquello que puedas desear. Para hacerlo, no tienes más que volcarte en tu interior. Esta obra te enseñará qué tienes que buscar en él: son sólo nueve principios, nueve pistas que no te convertirán en alguien nuevo, pero sí que te permitirán aflorar lo mejor que, dormido, tienes en tu interior. Principios tan sencillos como confiar en ti mismo, reconocerte en lo que eres y mereces, ser generoso y agradecido, aceptarte como parte de un todo, lo que hará que tú también seas ese todo.
Construye tu destino no te cambiará la vida. Pero será la indispensable herramienta para que tú la cambies.

 

Segundo principio

Confiar en ti mismo es confiar en

la sabiduría que te creó

 

 

ESTAR EN TODAS LAS COSAS AL MISMO TIEMPO

 

La auténtica confianza sólo se alcanza a través de la sabiduría del corazón. Al penetrar en este espacio seguro, acudirá a ti todo aquello que te pertenezca porque has creado la capacidad interna para recibirlo. La ironía es que aquello que deseas recibir forma en realidad parte de ti mismo. Este puede ser un concepto difícil de asimilar, debido al apego del ego a ser separado y especial.

 

No hay en tu mente racional nada capaz de convencerte de que el agua se compone de dos partes de hidrógeno y una de oxígeno. Aparentemente no es más que un líquido que fluye y no tiene nada que ver con gases. Pero cuando analizamos el agua, se ponen de manifiesto sus elementos constituyentes. Y lo mismo sucede con la idea de estar en todas las cosas al mismo tiempo.

 

En nuestra experiencia cotidiana no hay nada que nos dé muchas razones para creer que nuestra mente tiene, como uno de sus elementos constituyentes, algo invisible que está en todas las cosas vivas. Sin embargo, cuando examinamos nuestra fuerza vital y utilizamos la mecánica cuántica, descubrimos que esa energía no es, de hecho, una partícula, sino una onda que es la misma en toda forma de vida.

 

Confiarás en la energía universal cuando aceptes este hecho «irracional»: no sólo eres digno de confianza, sino que formas parte de la misma fuerza vital que existe en todas partes. Si crees esto realmente, te darás cuenta de que todo lo que falta en tu vida forma parte de la misma energía que hay en ti. La manifestación se convierte entonces en el arte de atraer aquello que ya forma parte de uno mismo.

 

En cierto sentido, es como pensar que las cosas que deseas están sobre una cuerda infinitamente larga, a pesar de lo cual están unidas a ti de alguna forma invisible. Sólo es una cuestión de confianza el atraer esa cuerda hacia ti, y todo aquello que debe llegar a tu vida estará ahí una vez que hayas desarrollado la capacidad para recibirlo. Pero no podrás recibirlo, ni acercarte remotamente si no estás plenamente convencido de que eres una extensión de Dios.

 

Me agrada pensar en Dios como el océano y en mí mismo como un vaso. Si introduzco el vaso en el océano, me siento como un vaso lleno de Dios. No importa cómo lo analice, el caso es que seguirá conteniendo a Dios. Ahora bien, el vaso de Dios no es tan grande como el océano, ni tan omnisciente ni omnipotente, pero sigue siendo Dios. Esta metáfora me permite confiar tanto en mí mismo como en la sabiduría que me ha creado, y me permite ver también nuestra unicidad.

 

Deliberadamente, he preferido no utilizar muchas citas en este libro. Pero quiero resaltar que todo maestro espiritual y todos los santos, maestros, gurús o sacerdotes que ha habido en la historia, han expuesto un consejo similar. Esta filosofía perenne conecta a toda lahumanidad, desde los tiempos tribales y antiguos, hasta los civilizados y actuales. Es el mensaje de que Dios está dentro y fuera de todas las cosas vivas. Y también de que hay un mundo del que formamos parte y que no se haya sujeto a las leyes del tiempo y el espacio. Más aún, todos formamos parte de ese mundo espiritual invisible.

 

Puesto que está en todas partes no sólo está dentro de ti sino que eres tú. Esto significa que es en nosotros mismos donde tenemos que buscar a Dios. La afirmación «Tú y el Padre sois uno» es mucho más que una advertencia eclesiástica. Es una afirmación de tu propia realidad.

 

Con la práctica, puedes aprender a conocer esta realidad. Puedes aprender a ver el aura alrededor de todas las cosas vivas, a ayudar a los demás protegiendo tu energía y dándoles fortaleza y sustento. En realidad, no se trata tanto de una habilidad que pueda aprenderse como de confiar en la energía que forma parte de uno mismo.

 

Es posible que la forma más efectiva de confiar en tu realidad propia sea a través del poder de la oración. La oración y la confianza nos ofrecen métodos aparentemente mágicos para manifestar el deseo divino. Pero primero quizá tengas que cambiar viejas percepciones relativas a la oración, y buscar en tu interior una visión completamente nueva.

 

 

ORACIÓN Y CONFIANZA

 

Por lo que se refiere a la oración parece que vemos a menudo a Dios como una especie de gigantesca máquina expendedora situada en el cielo, capaz de concedernos todos nuestros deseos una vez que hayamos introducido en la ranura las monedas adecuadas en forma de oraciones. Insertamos oraciones, apretamos el botón y confiamos en que Dios nos dispensará los bienes que solicitamos. La máquina expendedora se convierte así en objeto de nuestra veneración. Le decimos a la máquina lo buena que es y lo mucho que la adoramos, y esperamos que sea buena con nosotros a cambio.

 

La premisa básica de esta actitud es que Dios está fuera de nosotros y, por lo tanto, lo que necesitamos y deseamos también está fuera de nosotros. Esta forma de oración es como practicar la ausencia, antes que la presencia de Dios. Si creemos estar separados de Dios, el enfoque de la máquina expendedora por lo que se refiere a la oración no hace sino reforzar y profundizar esta convicción.

 

Prefiero promover la idea de la oración como una comunión con Dios. Rezar a nivel espiritual se convierte entonces en un acto que me permite tener la certeza de que Dios está tan cerca de nosotros como nuestro propio aliento. Lo que buscamos en la oración es la experiencia de coexistir con Dios. La oración es nuestra forma de comunicar que estamos preparados para que se manifiesten los deseos de esta energía sagrada a través de nuestra forma humana. No hay separación, ni ausencia de Dios en nosotros, sino simplemente la presencia de esta fuerza en nuestro interior.

 

En consecuencia, la verdadera experiencia de Dios no cambia ni altera a Dios, sino que nos cambia a nosotros. Cura nuestro sentido de la separación. Si no nos vemos cambiados por la oración, es porque nos hemos negado la oportunidad de conocer la sabiduría que nos ha creado.

 

La búsqueda de la felicidad fuera de nosotros mismos vuelve a encender la idea de que no somos completos y relega la oración al estatus de ruego ante un jefe/Dios. Pedimos entonces favores, en lugar de buscar una manifestación de nuestro yo invisible e inspirado.

 

La oración, al nivel al que yo me refiero, no es pedir algo, del mismo modo que tratar de convertirse en un manifestador no es pedir que algo aparezca en tu vida. Lo que califico como oración auténtica es invitar al deseo divino a expresarse a través de uno mismo. Que exprese el más elevado propósito, por mi bien o por el de toda la humanidad. En este nivel, la oración expresa mi experiencia de la unicidad con la energía divina.

 

Quizá esta pueda parecerte una idea radical o incluso blasfema, pero constituye la fuente de todas las tradiciones espirituales. He aquí unos pocos ejemplos.

 

Cristianismo: el reino de los cielos está dentro de ti. Islamismo: quienes se conocen a sí mismos conocen a tu Dios. Budismo: mira dentro de ti mismo, tú eres el Buda.

 

Vedanta (parte del hinduismo): Atman (la conciencia individual) y Brahman (la conciencia universal) son uno.

 

Yoga (parte del hinduismo): Dios habita dentro de ti como tú mismo.

 

Confucianismo: el cielo, la tierra y el humano son un solo cuerpo.

 

Upanishads (parte del hinduismo): al entenderse a uno mismo, se conoce todo este universo.

 

Superar los condicionamientos en este ámbito es crucial. Al principio, quizá puedas aceptar esta idea a un nivel intelectual, pero es posible que no puedas convertirla en una experiencia auténtica. Así pues, te sugiero que conviertas la oración en una experiencia, utilizándola para sustituir los continuos pensamientos que te asalten durante el día. Utiliza tu confianza para comulgar con Dios en lugar de pasar el tiempo en un estado de cháchara constante.

 

Sustituye los pensamientos sobre tus experiencias por la experiencia de la oración. Por ejemplo, rezar en este sentido puede ser simplemente una frase como: «Ahora me guía lo sagrado», o «El amor sagrado fluye ahora a través de mí», y recítalo en silencio, en lugar de pensar. Este tipo de oración te ayudará a cultivar tu lado espiritual y a evitar la cháchara del ego, de modo que pueda crecer lo que tú deseas y lo que te desea a ti. Mi práctica personal de la oración consiste en participar en una comunión con Dios, en la que veo a Dios dentro de mí mismo y le pido fortaleza y sabiduría para superar cualquier problema que pueda tener. Sé que no estoy separado de esta fuerza vital que llamamos Dios. Sé que esta fuerza me conecta con todo lo que existe en el universo, y que al dirigir mi atención hacia aquello que deseo atraer, no estoy haciendo en realidad más que manifestar un nuevo aspecto de mí mismo.

 

Luego dejo que se produzcan los resultados, que el universo se ocupe de los detalles. Me retiro en paz y me recuerdo a mí mismo que tener el cielo en la tierra es una elección que tengo que hacer, no un lugar que tenga que encontrar. Soy yo quien decido si quiero que la fuerza de Dios fluya a través de mí sin restricciones, participando así de este modo en la creación de mi propia vida. La confianza, pues, es la base de mi oración y con ella llega la paz, que es la esencia de la manifestación.

 
Este es un Servicio del Centro Escuela Claridad (www.escuelaclaridad.com.ar) a traves de su Red Union Global de Luz. Boletín editado y distribuido por Juan Angel Moliterni (claridad@argentina.com). Alentamos a todos a redistribuir, sin fines de lucro, por via electronica, siempre y cuando se respeten los creditos del servicio, los autores y se mencionen la fuente y enlace. Si deseas realizar una contribucion amorosa visita: http://www.escuelaclaridad.com.ar/Colabora.htm