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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Construye tu destino 30 -Boletin Claridad
Fecha:Miercoles, 26 de Julio, 2006  15:49:19 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

Construye tu destino

Manifiesta tu yo íntimo y realiza tus aspiraciones

Por Wayne W. Dyer

 

¿Cuántas veces, en un momento de desesperanza o de desconsuelo, te has dicho: «Necesitaría cambiar, pero soy así y no puedo hacerlo»? Todas esas veces te has engañado respecto a tu capacidad de actuar sobre tu destino. Porque dentro de ti tienes el poder para conseguir todo aquello que puedas desear. Para hacerlo, no tienes más que volcarte en tu interior. Esta obra te enseñará qué tienes que buscar en él: son sólo nueve principios, nueve pistas que no te convertirán en alguien nuevo, pero sí que te permitirán aflorar lo mejor que, dormido, tienes en tu interior. Principios tan sencillos como confiar en ti mismo, reconocerte en lo que eres y mereces, ser generoso y agradecido, aceptarte como parte de un todo, lo que hará que tú también seas ese todo. Construye tu destino no te cambiará la vida. Pero será la indispensable herramienta para que tú la cambies.


  

Noveno principio

Abraza tus manifestaciones

con gratitud y generosidad

 

 

GENEROSIDAD Y SERVICIO: EL PASO FINAL EN LA MANIFESTACIÓN

 

La extensión natural de sentirse agradecido es el desarrollo de un corazón generoso. La generosidad perfecta es la voluntad para dar de uno mismo y de todo aquello que ha manifestado sin esperar nada a cambio. Quizá te parezca paradójico que la fase final de la manifestación del deseo de tu corazón sea el compartir generosamente lo que has recibido y alejar tu atención de lo que has pedido que se manifieste. No obstante, si revisas todos los principios de la manifestación espiritual, te darás cuenta de que esto es consecuente con lo que hemos dicho hasta ahora.

 

La manifestación supone conectar con el espíritu universal, que es infinito y abundante en su variedad. No se trata de ver las propias necesidades, sino más bien de sentirse completo con esa abundancia radiante. No se trata de anhelar y pedir. Se trata de expresar un amor incondicional y de atraer ese amor abundante a tu vida individual. Mientras estés en tu cuerpo físico, tendrás deseos. No tienes por qué avergonzarte por ello o no sentirte espiritual. Tu cuerpo y las necesidades físicas de tu ser material pueden ser satisfechos con dones abundantes, y lo serán siempre y cuando sigas estos nueve principios y no permitas que tu ego vuelva a hacerse con el control de tu vida.

 

Al sentir la presencia de esa abundancia, tu sensación de gratitud te empujará en la dirección de la generosidad. Es en la expresión de tu generosidad donde te sentirás más conectado con el amor incondicional del espíritu universal. Cuanto más sientas el deseo de compartir incondicionalmente lo que recibes, tanto más experimentarás el flujo de ello en tu vida.

 

 

GENEROSIDAD Y AUPOLIBERACIÓN

 

La generosidad es útil para tu propia liberación en la medida en que te enseña la cualidad interior del desprendimiento. Desprenderte y liberarte de las cosas a las que te sientes más apegado es la mejor manera de liberarte de tu ego. La necesidad de aferrarte a las cosas y al dinero que recibes surge a partir de la sensación de estar incompleto. La práctica de la generosidad te alinea con tu sentido del amor y de plenitud.

 

La generosidad que te da liberarte de tu ego se extiende mucho más allá de compartir simplemente tus posesiones materiales. La generosidad significa ofrecer amabilidad, cuidado, amor y nutrición allí donde se necesiten. Además, el espíritu de la generosidad puede relacionarse, y en último término se relaciona con la forma que tenemos de tratarnos a nosotros mismos. Si tienes un corazón generoso al que no le angustia dar, te tratarás a ti mismo de forma amorosa, y te nutrirás sin ningún sentido de culpabilidad.

 

Si eres capaz de dar libremente, en un acto incondicional de amor, sin expectativas, experimentas lo que considero como una libertad total. Renuncias a aferrarte a tu ego engreído, que te anima a creer en la limitación y en la competencia. Esta capacidad para dar sin condiciones supone también un reconocimiento de que aquello que se ha manifestado en tu vida procede de una oferta infinita y de que no puedes experimentar nunca una conciencia de escasez porque sabes que formas parte de esa oferta infinita.

 

 

DAR Y RECIBIR: LA FORMA EN QUE FUNCIONA EL UNIVERSO

 

Cada vez que inspiras y espiras, participas en un proceso de dar y recibir que es vital para el mundo material y espiritual. Con cada inhalación absorbes el oxígeno y el nitrógeno que necesitas para existir, y con cada exhalación devuelves el anhídrido carbónico del que se nutre todo el mundo de las plantas. El ciclo de dar y recibir generosamente es exactamente el mismo que el acto de respirar.

 

Mira a tu alrededor y observa que todo en nuestro universo es resultado de dar y recibir. Toda la cadena alimenticia representa dar y tomar vida, para luego volver a dar en un ciclo infinito de manifestación material. Los gusanos que comen los pájaros, los excrementos de estos, la comida que es el pájaro, el reciclado de la carne del pájaro y así sucesivamente.

 

Todo eso tiene que producirse aquí, en este universo. No es algo que salga y luego vuelva a entrar. Se trata, simplemente, de un proceso de dar y recibir diferentes formas de energía. El hierro de tu corriente sanguínea forma parte de la infinita oferta de hierro que regresará de otra forma una vez que tú hayas abandonado el mundo físico, quizá en las alas de un murciélago. Tú aportas tu propia oferta de hierro y tomas lo mismo. Dar y recibir es una función natural de la vida.

 

El flujo natural de dar y recibir puede detenerse con la tacañería y la acumulación. El proceso funciona de la misma forma a nivel espiritual. Tú envías amor y afabilidad, que te son devueltos multiplicados por diez. El viejo dicho: «Según hagas, así te harán» es algo más que un sentencioso consejo. Es un hecho del universo, a todos los niveles de la conciencia. En realidad, en eso consiste precisamente la manifestación.

 

Tú envías energía amorosa para conectarte con aquello que deseas y ésta se te devuelve. Es una acción de dar y recibir. No obstante, puedes interferir en esta progresión natural del dar y recibir al aferrarte egoístamente a lo que se manifieste en tu mundo material y detener el flujo de energía que aporta abundancia. Esta conciencia de escasez es obra del ego, que siempre se siente incompleto porque está convencido de hallarse separado de Dios.

 

 

CULTIVA UNA ACTITUD DE GENEROSIDAD

 

He aquí unas pocas sugerencias para poner generosidad en tu práctica de la manifestación y mantener el flujo natural de dar y recibir que mueve tu vida.

 

• Reconoce en primer lugar que esta es una forma de ser que se puede desarrollar. Quizá estés convencido de que dar es imposible porque tienes demasiado poco para ti mismo. Si no eres generoso cuando serlo es difícil, no lo serás tampoco cuando te resulte fácil. La generosidad es una función del corazón, no de la cartera.

 

Puedes dar de ti mismo, compartirlo poco que tienes con aquellos que están más necesitados, puedes dar el diezmo a quienes te aportan alimento espiritual sin pedir nada a cambio. Un corazón generoso es aquel que no impone limitaciones a su capacidad para ser generoso con los demás, y que no lo hace por la recompensa o el reconocimiento. Puedes cultivar esta actitud de generosidad y practicarla enviando amor y afabilidad con tanta frecuencia como te sea posible. En último término, se contagiará a otros y te conducirá a una mayor manifestación de los deseos de tu corazón.

 

• Piensa en la multitud de cosas que haces cada día por otros, incluidos los animales y el entorno del que formas parte, y considéralas como formas de practicar la generosidad. Hablar con un vecino solitario, alimentar a un gato callejero, abrir una puerta, pagar anónimamente el peaje del coche que viene detrás de ti, recoger a tus hijos del colegio, pasar la aspiradora por la alfombra, llenar el depósito de gasolina del coche para tu esposa o lo que se te ocurra en los miles de acciones que realizas cada día. Recuerda que practicas la generosidad, en lugar de sentirte ignorado o poco apreciado.

 

Y, lo más importante, recuerda que dar sin expectativa de reconocimiento es verdaderamente la obra de tu yo superior. El ego necesita y exige que se le rindan honores con la mayor frecuencia posible, acompañado además de una gran fanfarria. Procura mantener en la intimidad tus actos de generosidad, sin fanfarronear acerca de tu gran espíritu generoso.

 

Sé consciente de la resistencia interior que surge dentro de ti cuando sientes el impulso de dar. Tu temor a no tener suficiente para ti mismo y tu familia, tus dudas acerca de si los otros están verdaderamente necesitados, tu timidez o azoramiento, el hecho de que los otros no lo aprecien debidamente o de que quizá no hagan sino pedir más, son impulsos que debes respetar como válidos. Todas estas dudas y temores deberían ser examinadas sin prejuicios. Representan una parte de tu respuesta condicionada a la generosidad.

 

Al dar porque uno tiene un espíritu generoso y para extender amor, y no por ninguna otra razón, se desvanecen todas esas dudas. A mí se me critica a menudo cuando doy dinero en la calle a un evidente drogadicto. Cuando me dicen: «Con ese dinero sólo van a comprar más droga», mi respuesta es: «Lo que hagan con el dinero no tiene nada que ver con el motivo por el que se lo he dado. Este ser humano que se conecta con otro en un espíritu de amor, puede ser el acto de afabilidad y generosidad que le acerque un poco más a Dios, donde tiene lugar la curación genuina».

 

• Propónte practicar la generosidad durante determinados períodos, particularmente para ayudar a otros.

 

A veces observo a mi hijo más pequeño jugando al fútbol él solo, dándole patadas a la pelota y deseando que alguien jugara con él. Entonces me recuerdo a mí mismo la necesidad de olvidarme de los millones de cosas que tengo que hacer, mi estado de fatiga, mi deseo de ver un vídeo o lo que sea, y dedico las próximas horas a compartir simplemente mi tiempo con él. No lo hago porque sea magnánimo, sino porque es una oportunidad para ser generoso con mi tiempo y con mi amor. También me proporciona la gloriosa oportunidad de hacer algo que realmente me encanta, que es estar con mi muchacho, al que amo tiernamente.

 

Practica la virtud de recibir. Acepta la ayuda cuando otros te la ofrecen. Permite que otros hagan algo por ti, sin sentirte en una situación embarazosa ni tener la sensación de que tu independencia se ve amenazada. Recuerda que dar y recibir constituyen el intercambio natural de la energía del universo. Esa es la fuente misma de tu práctica de la manifestación.

 

Al rechazar la ayuda que se te ofrece, interrumpes el flujo natural de energía, del mismo modo que cuando rechazas el dar. Practica y di: «Gracias, aprecio mucho tu ayuda», aun cuando tu ego te diga: «Realmente, no la necesito». Recibir forma parte de la práctica espiritual de la manifestación, y de ti depende permitir que eso se produzca en tu vida, con gratitud y amor.

 

Descúbrete a ti mismo en el momento en que experimentes ingratitud y utiliza ese momento para practicar tu nueva generosidad. Una vez que percibas la escasez, tu inclinación inmediata será la de acumular, pero dedicarte a acumular no hace sino ampliar los efectos de tus sentimientos de tacañería y temor.

 

Esto puede suponer algo tan sencillo como dar una propina mayor de la esperada, o puede implicar el expresar amor o un cumplido a aquellos ante quienes practicas tu comportamiento de escasez. En esos momentos, déjate guiar por tu yo superior, que desea experimentar gozo y paz y manifiestes un poco de generosidad. Recuerda que un espíritu generoso infunde alegría y fortaleza a la mente. Así es precisamente como te sentirás cuando hayas superado la respuesta condicionada que te induce a la acumulación y la tacañería.

 

• Practica dar un poco más de lo que creas que puedes dar, y un poco más de lo que te resulte cómodo. Sé algo más paciente con un niño, dale a tu cónyuge un abrazo apasionado más prolongado que el abrazo superficial al que está acostumbrado, dale un poco más de dinero de lo habitual a la camarera que te atendió durante tu estancia en el hotel.

 

Procura ir más allá de tu límite de generosidad, con la plena seguridad de que eso no va a causar ninguna dificultad en tu vida. Sabe también que eso te proporcionará un sentido de realización espiritual que te hará sentirte más cerca de Dios, y que te pondrá realmente en contacto con tu yo superior.

 

Puedes intentar también ser un poco más generoso de lo habitual contigo mismo. Pide ese plato del menú que cuesta un poco más, o concédete unos pocos días extra de vacaciones, o permítete el lujo de que te apliquen un masaje corporal o facial relajantes.

 

Este es un Servicio del Centro Escuela Claridad (www.escuelaclaridad.com.ar) a través de su Red Unión Global de Luz. Boletín editado y distribuido por Juan Angel Moliterni (claridad@argentina.com). Alentamos a todos a redistribuir, sin fines de lucro, por vía electrónica, siempre y cuando se respeten los créditos del servicio, los autores y se mencionen la fuente y enlace. Si deseas realizar una contribución amorosa visita: http://www.escuelaclaridad.com.ar/Colabora.htm