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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Cuentos
Fecha:Domingo, 13 de Agosto, 2006  17:40:59 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

El muñeco de nieve

 

Había dejado de nevar y los niños, ansiosos de libertad, salieron de casa y empezaron a corretear por la blanca y mullida alfombra recién formada.


La hija del herrero, tomando puñados de nieve con sus manitas hábiles, se entrego a la tarea de moldearla.


-Haré un muñeco como el hermanito que hubiera deseado tener, se dijo.


Le salió un niñito precioso, redondo, con ojos de carbón y un botón rojo por boca. La pequeña estaba entusiasmada con su obra y convirtió al muñeco en su inseparable compañero durante los tristes días de aquel invierno. Le hablaba, le mimaba...


Pero pronto los días empezaron a ser más largos y los rayos de sol más calidos... El muñeco se fundió sin dejar más rastro de su existencia que un charquito con dos carbones y un botón rojo. La niña lloro con desconsuelo.


Un viejecito, que buscaba en el sol tibieza para su invierno, le dijo dulcemente: Seca tus lágrimas, bonita, porque acabas de recibir una gran lección: ahora ya sabes que no debe ponerse el corazón en cosas perecederas.

 

Todo en la vida es efímero, sin embargo nos aferramos a: lo transitorio, lo instantáneo, lo fugaz, lo pasajero, lo breve; en definitiva a todo lo que es perecedero. Sin embargo, damos poca importancia a lo continuado, a lo permanente, a lo duradero, a lo perenne; en definitiva, al Alma que es eterna.


Cuatro tipos de hombres

 

En una ocasión el discípulo le preguntó al Maestro:

 

-¿Por qué Dios había creado hombres egoístas y hombres generosos?

 

El Maestro le dijo al discípulo:

 

-Existen cuatro tipos de personas: El justo que habla: “Lo que es mío es mío; lo tuyo es tuyo”. El enamorado que exclama: “Lo que es mío es tuyo; lo tuyo es mío”. El egoísta que piensa: “Lo mío es mío; lo tuyo es mío”. El Santo que obra: “Lo que es mío es tuyo; lo tuyo, es tuyo”.

El obstáculo

 

Se cuenta que un caluroso día de verano, había un anciano parado en la esquina de la calle, “matando el tiempo” y riéndose como un loco.


-¿De qué te ríes? -Le preguntó un transeúnte.


-¿Ves esa piedra que hay en la otra acera? Desde que llegué aquí esta mañana, ocho personas han tropezado en ella y la han maldecido, pero ninguna de ellas se ha tomado la molestia de retirarla para que no tropezaran otros.

 

Frecuentemente nos quejamos de que las cosas no salen como esperábamos, pero no ponemos el remedio para que no vuelvan a suceder y menos aún allanamos el camino para los que vienen detrás. Eliminar los obstáculos del camino para el beneficio de los demás es un acto de buena voluntad.