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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Cuentos
Fecha:Domingo, 13 de Agosto, 2006  17:19:58 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

Leyenda China

 

Cuenta una antigua Leyenda China que... Cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.


Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.


El Recaudador

 

En un país del lejano Oriente, el sultán estaba desesperado porque no podía encontrar un nuevo recaudador.


-¿No hay ningún hombre honesto en este país que pueda recaudar los impuestos sin robar dinero? -se lamentó el sultán. Acto seguido llamó a su consejero más sabio y le explicó el problema.


-Anunciad que buscáis un nuevo recaudador, Alteza -dijo el consejero-, y dejadme a mí el resto.


Se hizo el anuncio y aquella misma tarde la antecámara del palacio estaba llena de gente. Había hombres gordos con trajes elegantes, hombres delgados con trajes elegantes y un hombre con un traje vulgar y usado. Los hombres de los trajes elegantes se rieron de él.


-El sultán, por supuesto, no va a seleccionar a un pobre como su recaudador -dijeron todos.


Por fin entró el sabio consejero.


-El sultán os verá a todos en seguida -dijo-, pero tendréis que pasar de uno en uno por el estrecho corredor que lleva a sus aposentos.


El corredor era oscuro y todos tuvieron que ir palpando con sus manos para encontrar el camino. Por fin, todos se reunieron ante el sultán.


-¿Qué hago ahora? -susurró el sultán.


-Pedid que bailen todos -dijo el hombre sabio.


Al sultán le pareció extraña aquella medida, pero accedió, y todos los hombres empezaron a bailar.


-Nunca en mi vida he visto unos bailarines tan torpes -dijo el sultán. Parece que tienen pies de plomo.


Sólo el hombre pobre pudo saltar mientras bailaba.


-Este hombre es vuestro nuevo recaudador -dijo el hombre sabio. Llené el corredor de monedas y joyas y él fue el único que no llenó sus bolsillos con las joyas robadas.


El sultán había encontrado un hombre honrado.

 

El afán por el dinero trae la locura. Si se ama el dinero, siempre se quiere más y nunca se cree tener bastante. Cuando más se tiene, más se gasta; el amor al dinero es pues una mera ilusión.

Ser poderoso

 

En cierta ocasión. Buda se vio amenazado de muerte por un bandido llamado Angulimal.

 

“Sé bueno”, le dijo Buda-, “y ayúdame a cumplir mi último deseo. Corta una rama de ese árbol”. Con un golpe de su espada, el bandido hizo lo que le pedía Buda. “¿Y ahora, qué?”, le preguntó a continuación. “Ponla de nuevo en su sitio”, -dijo Buda.

 

El bandido soltó una carcajada: “¡Debes de estar loco si piensas que alguien puede hacer semejante cosa!”.

 

“Al contrario”, -le dijo Buda. “Eres tú el loco al pensar que eres poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. El poderoso es el que sabe crear y curar”.