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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Amar...
Fecha:Martes, 27 de Febrero, 2007  12:28:24 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

Amar, amar y amar...
 
 
Estamos enfrentando uno de los retos más grandes de nuestra historia; el calentamiento global y su posible secuela de destrucción y muerte. Por primera vez y de forma global, la Naturaleza, nos llama la atención y nos  hace mirar con ojo crítico nuestro estilo de vida, causante del calentamiento global. Ya no hay dudas, somos los protagonistas de este drama y los únicos que lo podemos revertir.
 
El calentamiento global trae consigo alteraciones del clima. Inundaciones en partes del planeta y sequía en otras. Y el temido aumento del nivel de los mares que inundaría las tierras costeras. Como consecuencia, plagas y enfermedades.
 
¿La causa? El aumento en la concentración de los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, los CFC, el metano CH4, etc. que son emitidos por nuestro mundo moderno en grandes cantidades. La luz solar penetra desde el espacio exterior, choca contra la superficie de la Tierra, se convierte en calor y luego es irradiada de regreso hacia el espacio exterior, pero una parte del calor no puede regresar por los gases que producen el invernadero. Debido a este fenómeno de regulación natural tenemos en la tierra un clima propicio para la vida. Pero cuando este fenómeno se ve alterado por el exceso en la emisión de estos gases, calienta “demasiado” y produce lo que llamamos calentamiento global. En pocos años, los seres humanos han aumentado el efecto invernadero natural por incremento en la emisión de gases relacionados con la quema de combustibles fósiles: carbono, petróleo y gas natural, además de la liberación de carbono por la deforestación de grandes áreas boscosas. El contenido de dióxido de carbono en la atmósfera ha aumentado en un 31% en los últimos siglos. La quema de combustible fósil, la deforestación, la ganadería, los cultivos de arroz y la disposición de la basura se cuentan entre los causantes de este grave problema.
 
Yo añadiría una causa más, la falta de amor por la Tierra, nuestra Madre. La falta de reconocerla como un ser vivo y tratarla como si fuera una cosa que se puede poseer y controlar. La hemos enfermado y ahora toca sanarla. Su enfermedad es el reflejo de la enfermedad de nuestra civilización que ha puesto los valores materialistas por encima de los valores humanos.
 
La Naturaleza es la gran Maestra de este sistema en el que vivimos. Ella nos enseña, sin palabras, la sabiduría necesaria para la vida; es la gran metáfora que la Inteligencia Cósmica nos ofrece para develar el lado oculto de la vida. Sus ríos, mares, montañas guardan grandes secretos que tienen el poder de transformar al humano siempre que éste pueda leer en su libro abierto. En sus dimensiones más sutiles la Naturaleza está poblada por innumerables criaturas que son la vida oculta detrás de toda su expresión material. El ser humano está destinado a reconocer esta vida y trabajar con ella para juntos establecer el Plan de nuestro Señor para este amado planeta.
 
Si bien estamos ante una situación mundial de guerras y conflictos, la emergencia ecológica puede ser más letal que todas las guerras. Las palabras de Joseph Stiglitz, economista de la Universidad de Columbia, premio Nóbel de Economía, en su artículo El cambio climático es peor que cualquier guerra” nos dan mucha luz y una posible solución.
 
...“Para un economista, el problema resulta evidente: los contaminadores no están pagando el costo completo del daño que causan. Los países avanzados podrían no querer causar daño alguno a Bangladesh y las islas que desaparecerán, pero ninguna guerra podría ser más devastadora. Se podría abordar este problema a escala mundial con un impuesto acordado globalmente, lo que no significa un aumento en la fiscalidad total, sino simplemente una sustitución en cada uno de los países de los impuestos actuales por un impuesto a la contaminación (por dióxido de carbono). Tiene mucho más sentido gravar lo dañino, como la contaminación, que lo positivo, como el ahorro y el trabajo.
 
“… Se ha dicho que Exxon ha estado financiando supuestos grupos de expertos para socavar la confianza en los datos científicos sobre el calentamiento del planeta, del mismo modo que la industria tabaquera financió "investigaciones" para poner en entredicho la validez de las conclusiones estadísticas que mostraban la vinculación entre tabaco y cáncer.
 
La buena noticia es que hay muchas formas en las que mayores incentivos podrían reducir las emisiones. En parte, eliminando las miríadas de subvenciones de los usos ineficientes. En los Estados Unidos se subvenciona el etanol procedente del maíz y se grava el procedente del azúcar; ocultos en el régimen impositivo hay miles de millones de dólares de subvenciones a las industrias del petróleo y del gas.
 
Lo más importante es que las señales representadas por los precios que muestran los verdaderos costos sociales de la energía procedente de los combustibles fósiles fomentarán la innovación y la conservación. Pequeños cambios en los hábitos, al reproducirlos centenares de millones de personas, pueden entrañar una diferencia enorme. Por ejemplo, el simple cambio del color de los tejados en los climas cálidos para que reflejen la luz del sol o la plantación de árboles en torno a las casas puede propiciar importantes ahorros de energía usada para el aire acondicionado.
 
Sólo tenemos un planeta y debemos conservarlo como un tesoro. El calentamiento del planeta es un riesgo que no podemos permitirnos el lujo de seguir desconociendo.”
 
¿Qué podemos hacer nosotros? Aunque las decisiones de los estados son fundamentales para frenar el cambio climático, también hay cosas que están en nuestras manos:
 
Utilizar menos nuestro auto y más el transporte colectivo, la bicicleta o simplemente caminar a pie. No malgastar ningún tipo de energía, esto es, apagar las luces, la radio, la TV, cuando no los estés usando; apagar la computadora (no simplemente ponerla a dormir, ellas no duermen, se mantienen prendidas), darse duchas cortas y usar poco agua caliente. Regular el termostato del aire acondicionado y la calefacción. Reciclar vidrios, plástico y papel. Sembrar un árbol y cuidar los que tienes cerca.
 
También podemos trabajar tomando conciencia que la naturaleza es un ser viviente y unidos a las criaturas que la pueblan, que no deben estar muy contentas con la conducta humana, buscar una alianza para trabajar por el bien común. Lo primero es demostrarle nuestro amor. Sí, amar, amar y amar la naturaleza y sus criaturas. El Maestro Mikhael Aivanhov aconsejaba acercarse a un árbol, abrazarlo, besarlo y decirle “Te encargo que le digas a todos los árboles del bosque que los amo, saluda a cada uno de mi parte, bésales de mi parte”.  De esta manera creamos lazos de amor para, de alguna forma, reparar el daño que hemos ocasionado a la naturaleza por el estilo de vida de la civilización a la cual pertenecemos. Lo mismo con el mar, las montañas, los valles. En la mañana, saluda a las criaturas del viento, de las nubes, de las plantas. Envíales tu amor. Dales tu amor y por amor busca cooperar con las medidas señaladas para proteger el medio ambiente y disminuir el calentamiento global.
 
Envía luz a las mentes de todos aquellos que tienen en sus manos las decisiones más importantes en relación a este dilema humano e imagina un mundo que pudo superar el reto más grande de su historia: poner los valores de la vida por encima de los valores materialistas. Y así juntos sobrevivir esta crisis para dejarles a nuestros hijos un planeta tan bello como el que hemos tenido nosotros. 
 
Desde la siempre primaveral y bella Caracas,
con el amor de siempre,
Carmen Santiago