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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] LA TERCERA PROFECÍA MAYA
Fecha:Martes, 15 de Mayo, 2007  15:34:10 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

LA TERCERA PROFECÍA MAYA

Un Legado de Símbolos, Conceptos y Profecías

Su validez en los albores del Siglo XXI: “El Tiempo del No Tiempo”

Serie Televisiva Siete Episodios: “LAS PROFECÍAS MAYAS”  Año 1999

GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún  -  fmalkun@mac.comPágina Web:  - www.fernandomalkun.com

 

 

Nuevamente, estamos aquí para describir los ecos de las voces de los mayas; nos hablan de un camino para asumir la vida y las decisiones de manera consciente.  Ellos vivieron sin fronteras, sin límites ni propiedades; sólo buscando el bien común.  Desaparecieron misteriosamente en el año 830 d.C., de una manera, aún no explicada científicamente, precisamente, en el clímax de su civilización.  No pretendieron tener la respuesta a todas las preguntas del mundo; sólo quisieron vivir en sincronía con la Naturaleza y con la mente abierta al Cosmos.  Con la Primera Profecía, nos hacen conscientes de que no somos “ruedas sueltas” en el Universo, que éste tiene ritmos que comienzan y terminan.  Con la Segunda Profecía nos entregan un espejo para reflejar nuestras relaciones, la que tenemos con nosotros mismos y la que tenemos con los demás.  En esta Tercera Profecía lo que debemos analizar, es nuestra relación como individuos y como especie, con el Planeta en el que vivimos.  A continuación, acompáñenos a abrir los elementos que normalmente vemos sueltos, para convertirlos en una fuerza generadora de conciencia, abundancia y prosperidad.

En la Primera Profecía, los mayas afirman que el Universo tiene ciclos, vale decir, períodos de tiempo que comienzan y terminan, como el día y la noche.  Según ellos, actualmente, nos encontramos al final de un ciclo, en un período de transformación llamado “El Tiempo del No - Tiempo”, que terminará el sábado 22 de diciembre de 2012, oportunidad en la cual, se habrá cambiado, por completo, al Planeta y a la humanidad o, si se quiere, a la Morada y sus moradores”.  Esta Profecía afirma que el Sistema Solar se desplaza en una elipse, que lo aleja y lo acerca al centro de la Galaxia, de donde, cada 5125 años, recibe un “rayo sincronizador”.  Es como el “latir lumínico” del corazón de la Galaxia, que palpita para sincronizar a todos los seres vivos del Universo, aumentando, periódicamente, su nivel de vibración, conduciéndonos a una mayor armonía.  Los mayas predijeron que, el miércoles 11 de agosto de 1999, la Luna eclipsaría al Sol y, los Planetas del Sistema Solar se alinearían para reflejar la energía hacia la Tierra, acelerando fuertemente, todo el proceso de transformación. 

En la Segunda Profecía, los mayas dicen que, al aumentar la frecuencia de vibración del Planeta, su latido y nuestras células que también vibran permanentemente, tratan de sincronizarse armónicamente, con el nuevo ritmo de vibración.  Las células tratan de balancearse con el Planeta, produciendo enormes cambios en el comportamiento de los hombres.  En este “Tiempo del No - Tiempo”, vale decir, durante estos últimos 20 años antes de la conclusión del presente ciclo (1992 – 2012), el hombre se enfrentará a sus miedos, a sus angustias, a lo que lo hace sufrir, a lo que no lo deja ser feliz, a todas sus vibraciones bajas para sanarlas y poder así vibrar más alto con el Planeta y con el Universo.  El miedo, el odio, la agresión y la intolerancia, producen vibraciones bajas, mientras que, el amor, la paz, la comprensión, así como el respeto por todo lo que existe, producen vibraciones altas. 

El comportamiento del hombre puede disminuir o aumentar su energía interna; a menor energía interna, más depresión y oscuridad, mientras que, a mayor energía interna, más paz y felicidad.  La verificación de los resultados de su comportamiento ante cualquier hecho, permiten saber si la actuación sirvió para aumentar o disminuir su energía interna.  Si se alteró su paz y si lo que hizo lo hace sentir mal, es que actuó sin comprender lo que hacía, sin respeto por los demás, seguramente, desde la inconsciencia, disminuyendo su energía vital, produciéndose a sí mismo, un estado de vibración baja.  En cambio, si se siente bien, independientemente de lo que haya sucedido, es que actuó con comprensión y respeto, valorando y agradeciendo el suceso, como una oportunidad para aprender sobre la vida, es decir, actuó con sabiduría, aumentando su energía vital, y produciéndose a sí mismo, un estado de vibración alta. 

La Segunda Profecía Maya dice que nos encontramos en el “Gran Salón de los Espejos”, en el tiempo en que cada hombre será su propio juez.  Es la última oportunidad para aprender sobre nuestro comportamiento y cambiar.  La Tercera Profecía Maya nos dice que una ola de calor aumentará la temperatura del Planeta, produciendo cambios climáticos, geológicos y sociales, en una magnitud sin precedentes y, a una velocidad asombrosa.  Los mayas nos dicen que el aumento de la temperatura se deberá a la combinación de varios factores, unos generados por el hombre que, en su falta de sincronía con la Naturaleza, sólo puede producir procesos de autodestrucción; otros factores generados por el Sol que, al acelerar su actividad por el aumento de su vibración, produce más irradiación, aumentando la temperatura del Planeta. 

Cada uno de nosotros, de una forma o de otra, hemos ayudado a deforestar el Planeta o, a contaminarlo, con nuestros carros mal sincronizados, botando basura en los parques o en las calles, ayudando a que el clima de la Tierra se vuelva en contra nuestra.  Los cambios están ocurriendo ya, pero, como han ido pasando muy lentamente, nos hemos adaptado a ellos y no nos hemos dado cuenta.  El proceso global de industrialización ocurrido en las últimas décadas del pasado siglo XX, ha contaminado dramáticamente la atmósfera, con sus emisiones de gases tóxicos.  Así, la llamada “lluvia ácida”, un subproducto de la quema de carbón y derivados del petróleo, conjuntamente las emisiones industriales de sulfuros y óxidos de nitrógeno, sucede en todo el mundo y se concentra en las áreas urbanas.  Esta “lluvia ácida” corroe los monumentos y puentes, destruye la pintura exterior, mata los bosques, daña la vida marina, daña los suelos agrícolas, convierte el agua potable en tóxica y reduce la visibilidad.  Las chimeneas contaminadoras de miles de fabricantes, mayormente inconscientes al daño que producen, han cambiado los tiempos de lluvias, las estaciones y el clima.  En millones de lugares del Planeta, todavía se cocina utilizando carbón y leña, fogatas que arrojan al aire, enormes cantidades de humo, cenizas, vapor de agua y gas carbónico.  Esto produce el famoso “Efecto de Invernadero” del que tanto se habla, pues las concentraciones de partículas de carbono que quedan flotando en la Atmósfera, reaccionan químicamente con los dióxidos, aumentando la suciedad y la temperatura. 

El aire que respiramos está lleno de partículas de monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y de metano, resultado de la combustión de la gasolina en los motores de millones de carros y de miles de plantas térmicas de generación eléctrica.  Se han tumbado las selvas para convertirlas en fincas o para agrandar las ciudades.  Se han quemado los bosques que limpiaban el aire, al convertir el gas carbónico en oxígeno.  El hombre no es consciente que está depredando el Planeta, no tiene la menor idea que hay necesidad de sembrar para reponer la vegetación que consume; todo el Planeta se ha convertido en botadero de basura.  A la profundidad de los mares enviamos contenedores con residuos radiactivos; los derrames de petróleo amenazan los bancos de corales; barcos enteros llegan con residuos no degradables.  Todos estos procesos alteran el contenido de ozono en la Atmósfera; un elemento que puede causar mucho bien o mucho mal, dependiendo de la altura a la que se encuentre.

En la parte alta de la Atmósfera, entre 10 y 50 km. sobre la superficie de la Tierra, el contenido de ozono es bueno.  Allí, encontramos el 90% del ozono, un gas cuyas moléculas tienen 3 átomos de oxígeno.  Precisamente, la quinta parte del aire está compuesta por oxígeno, cuyas moléculas absorben la radiación ultravioleta del Sol y, gracias a la reacción producida por su energía, se genera el ozono.  A esa altura (entre 10 y 50 km sobre la superficie de la Tierra), el ozono es benéfico, ya que tiene dos funciones muy importantes para la vida sobre el Planeta: Primero, el ozono producido absorbe los letales rayos ultravioleta producidos por el Sol, protegiendo así, los sistemas ecológicos de la Tierra; Segundo, al combinarse naturalmente con el hidrógeno que llega a la Atmósfera como agua evaporada, se convierte en un poderoso bactericida que asegura la salubridad del aire.  Sin embargo, desde la superficie de la Tierra y hasta los 10 km de altura, encontramos el otro 10% de ozono, una capa de la Atmósfera que, debido a los efectos contaminantes del hombre, se ha convertido en un peligro. 

Normalmente, este ozono era regulado por la Naturaleza, se generaba y desaparecía inmediatamente, al reaccionar químicamente, con el aire, gracias a la luz del Sol.  El hombre ha alterado este proceso natural, al llenar la Atmósfera de partículas suspendidas de aerosoles, humo, carbón y de gases tóxicos, produciendo reacciones fotoquímicas incontroladas.  La Naturaleza no contemplaba la aparición de partículas de cloro-flúor y carbono utilizadas en la fabricación de aerosoles que permanecen flotando en el aire.  Esto ha aumentado a niveles alarmantes la cantidad de ozono ubicado a baja altura en el aire, convirtiéndolo en polución, en lo que llamamos “smog”.  En altas concentraciones en el aire, afecta al hombre, produce irritaciones en las mucosas, dolor de cabeza, disminuye la actividad física, reduce nuestra resistencia a las infecciones y aumenta las enfermedades respiratorias.  Este “smog” afecta los elementos, acelera la cristalización del caucho, decolora las telas, tejidos y obras de arte e impresiones, disminuye la resistencia a la tensión de las fibras, afecta a la Naturaleza, produciendo daños en las hojas de las plantas, eliminando su capacidad para realizar la fotosíntesis y la producción de oxígeno.

Al respirar, el hombre inhala aire y exhala gas carbónico.  La vegetación normalmente absorbe los rayos luminosos y, con su energía, transforma el gas carbónico en azúcares, almidones, celulosa y, en el oxígeno que respiramos.  Por todos estos cambios en el ozono, muchos de los grandes bosques en el Planeta se encuentran enfermos, habiendo disminuido su velocidad de crecimiento, y han perdido su follaje.  Existen plantas como el tabaco que son “bioindicadores” de la cantidad de ozono en el aire, al ser sus hojas altamente sensitivas al ozono y quemarse con su presencia. 

En la alta Atmósfera sobre la Antártida, por algunas semanas, en el mes de octubre de 1999, han aparecido enormes agujeros en la capa de ozono, los cuales van creciendo, año tras año.  Esto permite que pase la radiación ultravioleta y aumente la incidencia de cáncer en la piel, inhibiendo la fotosíntesis en las plantas y creando mutaciones genéticas indeseables.  Todo esto ha causado un aumento en la temperatura del Planeta, respecto a lo cual, los mayas nos dicen que, a partir del eclipse del 11 de agosto de 1999, el proceso de calentamiento del Planeta, se acelerará.  Científicos ingleses nos dicen que el año 1997, fue el año más caliente desde que se llevan registros.  A su vez, expertos meteorólogos de Estados Unidos, dicen que enero y febrero de 1998, fueron los meses más calientes y húmedos de los últimos 100 años.  Las variaciones climáticas como consecuencia de las actividades dañinas del hombre y de los cambios en el comportamiento del Sol, producen una disminución en las lluvias, traducidas en cambios en la cantidad, intensidad y regularidad. 

El aumento de la temperatura producirá fuertes vientos, huracanes y tornados.  Los huracanes son tormentas enormes y violentas, son un vórtice de destrucción y muerte.  “Huracán” es el nombre del “dios del mal” para los indios del Caribe.  El Huracán Mitch y el llamado “Fenómeno del Niño”, son evidencias de la tendencia a los desastres mayúsculos causados por el clima.  El Sistema Hidrológico es fundamental, pues la Tierra está cubierta por agua, en un 70%.  Al aumentar la temperatura, disminuirá la humedad relativa en el ambiente, lo que traerá como consecuencia, menos nubes en el Cielo y mayor asolación, agravando así el problema.  Ello evaporará el agua de los suelos, produciéndose grandes sequías y muchos incendios forestales en todo el Planeta.  La falta de agua producirá un “stress” en toda la vegetación, reduciendo su crecimiento y disminuyendo significativamente, el tamaño de las cosechas.  Consiguientemente, al reducirse la cantidad de agua de lluvias, también sufrirán los embalses de las presas de almacenamiento de aguas, de los lagos y humedales, creando serios problemas a toda la fauna de la Tierra.

Todo esto causará un fuerte impacto en la economía; el abastecimiento de muchos productos como el agua, forrajes, granos alimenticios, pescado y la generación hidroeléctrica, los cuales dependen sustancialmente del clima.  Vendrán los racionamientos eléctricos, el hambre y el descontento social, aumentarán los mosquitos y los insectos, junto a enfermedades tropicales como la malaria y otras plagas.  El comportamiento del hombre será crucial, para sobrellevar el aumento general de la temperatura, causada por su propia conducta inconsciente y depredadora.

La Tercera Profecía nos dice que el Sol aumentará la cantidad y la intensidad de las erupciones solares, lo que también contribuirá a producir un aumento en la temperatura del Planeta.  Los mayas estudiaron principalmente, el comportamiento del Sol.  Sabían que este Astro produce la luz y los ciclos que hacen posible, la vida en la Tierra.  Sus estudios son la base de las Profecías acerca de los tiempos que vivimos, y que hablan de cambios en el Sol.  Nuestros científicos actuales, tienen varios satélites dedicados exclusivamente, a estudiar el Sol, una de las 100 millones de estrellas de nuestra Galaxia.  El Sol tiene ciclos que cambia sus niveles de actividad, cada 11 años, rotando sobre su eje, una vez cada 27 días.  Hoy sabemos que nuestro Sol contiene el 99,8% de la masa del Sistema Solar.  No es un cuerpo sólido como la Tierra, ya que principalmente, está compuesto de gases.  El 75% es Hidrógeno, el cual, permanentemente se convierte en Helio, a través de una reacción de fusión nuclear llevada a cabo, a altísimas temperaturas en su núcleo.  Al hacerlo, produce una enorme cantidad de energía en forma de radiaciones y partículas que irradia hacia fuera, hacia su superficie, hacia el Sistema Solar.  Emite radiaciones de onda corta como los rayos X, los rayos ultravioleta, la luz visible y la radiación infrarroja de calor.  Asimismo, este Sol emite partículas de plasma de Hidrógeno y Helio llamadas “viento solar”, las cuales salen disparadas en chorro parecido al que produce un aspersor de agua. 

La luz, el calor y el “viento solar” los recibimos en la Tierra; el Planeta tiene a su alrededor un campo de fuerza magnético, un escudo de protección con forma esférica, de tres veces su tamaño.  Este escudo llamado la “magnetosfera”, contiene la Atmósfera del Planeta.  En su parte más alta se encuentra la ionosfera, donde el oxígeno y el nitrógeno que respiramos, interactúan con las partículas de Helio e Hidrógeno que llegan con el “viento solar”.  Allí se produce el ozono, al reaccionar el oxígeno con los rayos ultravioletas; estas partículas de “viento solar” traen una energía contenida en sus electrones, equivalente a varios cientos de voltios, que cargan eléctricamente la Atmósfera del Planeta, en la parte correspondiente a la ionosfera.  A veces aparecen manchas solares en la superficie del Sol, regiones con campos magnéticos muy intensos que producen fuertes estallidos de plasma en el Sol.  Al hacerlo, irradian hacia la Tierra, llamaradas con la fuerza de miles de bombas de Hidrógeno, cantidades inusuales de luz, calor y partículas de “viento solar” con alta energía.  La Atmósfera recibe la carga de esta energía inusual, causando tormentas eléctricas.  Los rayos producen daños en los transformadores de las redes y llevan la electricidad hacia nuestras casas, ocasionando pérdidas de información en los computadores.  El “viento solar” daña los componentes electrónicos o los paneles solares de los satélites, ocasionando interrupciones en las comunicaciones y en los sistemas de posicionamiento y navegación.

Los mayas tuvieron su mente abierta siempre al Cosmos; su religión fue eminentemente astronómica.  Comprendieron que el ser humano no es más que una proyección de energía y que, sin energía, no hay materia.  Encontraron que esa energía depende del Sol, que todo ser viviente, animal, vegetal, planta, mineral o metal, no puede existir sin la invisible fuerza del Sol.  Si falta la luz del Sol, se hace lenta la vida; por eso dormimos cuando no está presente.  Los mayas encontraron que la energía se mueve en ciclos y que el ciclo básico depende del giro de la Tierra sobre su Eje y de la posición alrededor del Sol.  En su búsqueda por aumentar la energía interna, se dieron cuenta que la aparición del Sol por el Este, y su desaparición por el Oeste, definía la manifestación más importante de la dependencia humana de la fuente de energía.  Definieron su concepción del espacio, basados en ese movimiento básico.  Simbolizaron las cuatro direcciones cardinales; la Esfera Terrestre en su centro y, sobre ella, la Esfera Celeste, el dominio de Kinich Ahau. 

También, estas cuatro direcciones cardinales se encuentran manifestadas en el cuerpo humano; los dos brazos y las dos piernas, que definen el espacio donde se mueve nuestra energía interna, y en los elementos básicos manifestados por la energía, que encuentran a su alrededor: el fuego, el agua, el aire y la tierra.  Crear entonces, un espacio virtual a nivel planetario, en donde existe la Tierra, siempre en movimiento alrededor del Sol.  Encontraron que este espacio tenía cuatro esquinas definidas por las posiciones extremas de ese movimiento.  Los mayas encontraron los equinoccios; cuatro únicos días de equidad al año, en que la duración del día y de la noche, son iguales.  A su vez, encontraron los solsticios, cuatro únicos días al año, en los que el Sol sale exactamente en la misma posición, en el mismo sitio del día anterior; se queda quieto.  Los otros 363 días, siempre sale más adelante que el día anterior, avanzando en su recorrido, la eclíptica.  Entre el equinoccio de verano, el 21 y 22 de marzo, el solsticio de verano el 20 y 21 de junio; el equinoccio de invierno el 22 y 23 de septiembre y el solsticio de invierno el 21 y 22 de diciembre, se encuentran las cuatro esquinas del espacio maya, esquinas que definen las cuatro estaciones climáticas del Planeta, que cambian fundamentalmente, la radiación recibida del Sol, acelerando o retardando el crecimiento de todos los seres.  Primavera, Verano, Otoño e Invierno son la manifestación más evidente de la incidencia de la energía del Sol sobre la vida en nuestro Planeta. 

Pero los mayas se dieron cuenta que no todas las cosas tienen las mismas propiedades, a pesar de estar todas expuestas a la misma luz del Sol.  Encontraron que el Sol no es la única influencia energética.  La Luna refleja la luz del Sol, influenciando con su fuerza de atracción, todos los fluidos en el Planeta.  Levanta las aguas de nuestro orbe, y las vuelve a bajar, suavemente.  Los mayas se dieron cuenta que las fases de la Luna actúan sobre los estados de crecimiento; encontraron que todos los Planetas, con sus movimientos, tienen influencias sobre nosotros; toman la energía que necesitan del Sol e irradian, la sobrante, hacia el espacio, como una piedra que expuesta al Sol, irradia calor a su alrededor.  En otras palabras, las posiciones relativas de los Planetas son muy importantes, ya que pueden provocar mayores o menores mareas alta y baja.  Asimismo, en ciertas épocas del año, pueden ser las causantes de las tormentas húmedas, de una mayor o menor temperatura de la Tierra, como de las aguas dulces y saladas.  El Sistema Solar en su elíptica de 26.000 años, que lo aleja y lo acerca al centro de la Galaxia, gira alrededor de ALCIÓN, el Sol Central de la Constelación de las Pléyades.  Este movimiento es conocido por nuestros científicos como la “Precesión de los Equinoccios”.  Esta Constelación (Las Pléyades) fue de suma importancia para los mayas, ya que, inclusive, una de sus estrellas lleva su nombre.  En la mitología griega, Las Pléyades eran 7 hermanas, hijas de Atlas y Pleyón, de las que se enamoró León, el cazador gigante que vivía persiguiéndolas; se llamaba Maia, Merope, Electra, Taygeta, Celaeno, Asterope y Esterope.  Para ayudarlas a escapar, Zeus las convierte en palomas, las cuales vuelan a convertirse en el conjunto de las estrellas de la Constelación de Tauro, el Toro.  En sus estudios, los mayas encontraron que, alrededor de todos los seres vivos, existen unos campos electromagnéticos que son afectados por estos ciclos de energía en movimiento.

El hombre maya abre su mente al Cosmos y, desde la Tierra, conecta su corazón con nuestro Sol y, de ahí, con ALCIÓN en Las Pléyades, para finalmente, llegar a HUNAB KÚ, en el Centro de la Galaxia.  Así se mueve la energía conscientemente.  Los mayas también encontraron que hay sitios geográficos que facilitan la conexión consciente con el Universo, donde se mueven vórtices de energía.  Hoy, es posible verificar que en todos los cuerpos esféricos planetarios, entre los 19° y 20° de Latitud Sur y Norte, se manifiestan en el plano físico, un fenómeno que expresa el movimiento de la energía.  Por ejemplo, si miramos la Luna; a los 19,5° Sur, en la “cara oculta”, aparece una extrusión de lava llamada “Mare Tsiokovskii”.  En su parte superior, está el “Mare Moscoviense”.  A su vez, en el Sol, la mayor cantidad de explosiones o manchas solares en la corona, se manifiesta a los 20° de Latitud Sur y a los 20° Norte.  Por su parte, el Planeta Marte tiene el Volcán Olympus, el volcán más grande del Sistema Solar, situado a los 19,3° de Latitud Norte.  Venus tiene los volcanes activos Alpha y Regio situados a los 19,5° de Latitud.  El gran punto rojo de Júpiter está a los 19,5° de Latitud Sur.  En Saturno, la nave Voyager tomó unas fotografías de las nubes en movimiento, cuyo movimiento más fuerte se encuentra a los 19,5° de Latitud Norte y Sur.  En Neptuno se encontró un punto oscuro a los 19,5° de Latitud Sur.  Finalmente, la Tierra tiene el volcán más activo del Planeta, el Mauna Ki en Hawaí, a los 19,5° de Latitud Norte.  ¿Casualidades?  Valdría la pena investigar las teorías al respecto, de Richard Poddler y su Hipótesis de Sidonio.

Miremos el sitio donde vivieron los mayas y analicemos geométricamente al Planeta.  Un cuadrado contiene la esfera.  Colocamos una línea sobre el ecuador a los 0° y otra vertical, a los 90° de Longitud.  Contengamos el cuadrado en otra circunferencia; si dibujamos dos triángulos equiláteros, veremos que sus bases se encontrarán a los 19,5° de Latitud Sur y Norte.  Curiosamente, a los 19,5° de Latitud Norte y 90° de Longitud, se encuentra la Pirámide de Kukulkán, en México, la cual fue construida en el centro de la masa continental americana.  Esta Pirámide es una muestra de los conocimientos matemáticos, geómetras, astrológicos, filosóficos y religiosos mayas.  Ocupa el centro exacto del espacio terrestre y es el punto de enlace entre el espacio celeste y el inframundo.  Allí, en el año 430 d.C., los mayas construyeron una inicial Pirámide, la cual, durante su apogeo, creció sobre ella, la que aún permanece en la actualidad. 

La Pirámide de Kukulkán es un gigantesco “reloj solar”, el cual era utilizado por ellos, para ajustar sus calendarios, una confirmación del conocimiento exacto de los movimientos del Sol, le da, a su religión, un sentido filosófico, cronológico y esotérico.  La Pirámide de Kukulkán les permitía activar todos los centros energéticos del hombre, vale decir, los chakras, que alimentan de energía a los sistemas físicos glandulares.  Para ello, utilizaban sonidos rítmicos que ayudaban a la mente a sincronizarse con el “todo”, produciendo vibraciones energéticas muy altas, así como estados de sensibilidad especial. 

La ubicación del hombre alrededor de la Pirámide, les permitía conectar los chakras en su columna vertebral, con el KUXAN SUUM, la “columna vertebral del Universo”, el “cordón” que une al hombre maya con el Sol y, a través de él, con HUNAB KÚ, en el centro de la Galaxia.  Esto se lograba al sincronizar las dos partes del cerebro del hombre; la parte izquierda que controla la razón y la lógica, con la parte derecha, la que maneja la intuición, la sensibilidad.  Al vibrar colectivamente, se conectan las mentes en una sola, permitiendo trascender a nuevas dimensiones del ser.  Los mayas aprendieron a utilizar la mente con los dos hemisferios del cerebro, simultánea y equilibradamente, logrando desarrollar los nuevos sentidos telepáticos que permiten la unidad de consciencia colectiva. 

Precisamente, una semana después de que el niño maya nacía, comenzaba el primer proceso de iniciación para la utilización eficiente del cerebro.  Para ello, aprisionaban la cabeza del recién nacido con unas tablillas de madera, envolviéndolas fuertemente, con una tela de algodón, a fin de producir un estiramiento de los huesos del cráneo.  Con esto, reposicionaban y excitaban dos glándulas; una de ellas, que se encuentra al centro de la frente, a la altura del denominado “Tercer Ojo”, llamada glándula pituitaria.  La otra que se encuentra en el centro del cráneo, llamada glándula pineal.  Trabajando en conjunto, estas glándulas producen unas substancias que desarrollan la clarividencia, es decir, excitan al cerebro, permitiéndole captar o transmitir el pensamiento.  Para los hindúes, estas glándulas se comunican directamente con los chakras de la frente y de la corona, sitios de entrada de la energía, del Prana, del Puah.  Éstas, producen también estados especiales de sensibilidad de la mente, en la consciencia, facilitando el contacto espiritual, así como la comunicación con las esencias de todos los animales, de todas las plantas, de todos los elementos.  En otras palabras, los mayas lograban que, en forma simultánea, los hemisferios del cerebro funcionaran de una manera simultánea, más efectiva.  La parte izquierda, lógica y racional, y la parte derecha, femenina e intuitiva.

A su vez, cuando el niño maya había cumplido 20 meses, comenzaba el segundo proceso de iniciación; es así que, de la cinta que todavía aprisionaba su cabeza, la madre le colgaba una bolita de copal, una especie de incienso sagrado, entre las cejas, en el centro de la frente.  El olor del copal excitaba las glándulas, mientras que, el forzar la vista para mirar la bolita en el centro de los dos ojos, les enseñaba a utilizar, simultáneamente, los dos hemisferios del cerebro, experimentando lo que se sentía.  Investigaciones actuales, demuestran que nuestro cerebro, prácticamente, no usa su parte derecha y que, al operar simultáneamente, se produce una percepción mayor de la realidad.  Se puede ver el “aura”, es decir, el campo de energía emitida a su alrededor, por todas las personas, la cual, cambia de color, de acuerdo a su estado de ánimo.  Una muestra de eso son las imágenes estereoscópicas actualmente utilizadas en libros y postales, que fuerzan al cerebro a utilizar, simultáneamente, los dos hemisferios, para poder ver la figura. 

El diseño de la Pirámide de Kukulkán está basado en las proporciones áureas generadas por la descomposición armónica, de una circunferencia inscrita en un cuadrado, o, si se quiere, de un cubo inscrito en una esfera.  La Pirámide puede ser contenida en un cuadrado de 55 metros de lado, inscrito en una circunferencia de 80 metros de diámetro.  Esta Pirámide tiene una orientación precisa de 17° al Nor-Este, para recibir la luz del Sol en los días del equinoccio, y permitir el armonioso juego luminoso que simboliza la bajada a la Tierra de Kukulkán.  Su estratégica localización favorece para recibir la energía del Sol, en los equinoccios, cuando los días tienen la misma duración que la noche, donde prácticamente, la luz y la sombra están en equilibrio.  Es cuando todas las condiciones energéticas y espaciales están dadas para dirigirse hacia HUNAB KÚ. 

En una ceremonia con “mántrans rítmicos” se producen estados alterados de la consciencia, que permiten manejar la realidad de una manera distinta.  Si al cuadrado donde está contenida la Pirámide, lo rotamos 45°, se divide la circunferencia en 8 medidas iguales que, al unirse, producen un Octógono.  Este octógono define el tamaño y la ubicación de su centro, conformado  de cuatro escaleras de piedra, las cuales conducen al Templo ubicado en la parte superior de la Pirámide.  El ancho de las escaleras es definido por triángulos, con su base, en los lados del cuadrado.  El lado del octógono, tomado o considerado como radio, define el tamaño de la plataforma central y del Templo en la parte superior.  Verticalmente, son también, absolutamente increíbles, las proporciones que manejaron los mayas. 

La Pirámide de Kukulkán tiene 30 metros de altura; 9 plataformas soportan un pequeño Templo en la parte superior que representa a nuestro mundo; sobre él, la bóveda celeste, el espacio del Sol, de KINICH AHAU.  Las nueve plataformas representan a los “Nueve Señores de la Noche, del Conocimiento y el Tiempo”, los conocedores de la mente total del Universo, los adivinos de la armonía, seres que enseñaron a los mayas, a comprender y sentir la unidad.  Ellos trajeron el saludo maya: Inlakesh Alake, que significa: “Yo soy tú; tú eres yo”,  una muestra de armonía, con el respeto por la libertad del individuo y por sus decisiones.  La inclinación de las nueve plataformas de la Pirámide de Kukulkán, es de 51° 51”, o sea, la séptima parte de la circunferencia, curiosamente igual a la inclinación de la Gran Pirámide o Pirámide de Keops, en la Meseta de Gizeh, cerca de El Cairo, en Egipto.  Cada escalera tiene 91 peldaños de piedra, haciendo en total, 364 gradas, cifra a la que añadiendo la plataforma superior, se conforman las 365 gradas o, si se quiere, los 365 días correspondientes al Año Solar.  Las balaustradas de las escaleras contra las que se proyecta la luz y la sombra en los equinoccios, tienen un ángulo de 45° exactos.  La decoración exterior de la Pirámide no fue arbitraria, sino pensada y estudiada profundamente, para representar simbólicamente, lo más significativo de su realidad: El Tiempo.

A cada lado de la escalinata principal, hay 26 paneles rehundidos, o sea, 52 paneles por fachada, que corresponden al Ciclo Maya de 52 años, fractal del Gran Ciclo de 5200 Tunes existente entre rayos sincronizadores.  Esta Pirámide tiene 18 plataformas, 9 a cada lado de la escalera principal, muestran un claro simbolismo de la división del Año Solar Maya, en 18 meses.  Por su parte, la presencia de 5 adornos o almenas coronaban el Templo en la parte superior, por cada uno de los cuatro lados, produciendo el simbolismo del UINAL, o mes de 20 días. 

En la civilización maya, desde el día 16 de marzo de cada año, todo el pueblo se congregaba comandado por sus señores y por los AHAU KINES, los Sacerdotes del Culto Solar, todos ellos, situados alrededor de la Pirámide de Kukulkán.  Las almenas con plumas de quetzal y banderas, engalanaban el Templo en lo alto, símbolo de las fiestas y del vuelo de Kukulkán para recibir el Año Nuevo Maya.  Así comenzaban los HUAYEB, vale decir, los últimos 5 días del año que, con sus noches, eran considerados nefastos, representando el tiempo para las ceremonias de purificación, oportunidad en la que se realizaban ayunos colectivos como signo de limpieza.  En la plaza, frente a la Pirámide, se bailaba para equilibrar las energías masculina y femenina como ofrenda a CHAC, la esencia de la lluvia.

MÁNTRAMS SAGRADOS:

Palabras repetidas rítmicamente con los nombres de las esencias, producían un estado alterado de conciencia colectivo.  El día 21 de marzo, quinto y último día HUAYEB, 21 DESUL, día del Equinoccio de Verano; entre la 1 de la tarde y las 4 de la tarde, se produce un movimiento ondulatorio de luz y sombra, contra la balaustrada de la escalera principal que remata en la cabeza de la serpiente.  En esa situación, Kukulkán baja del cielo anunciando el nuevo año y la época de siembra.  El fenómeno de luz y sombra indica el fin de la sequía.  Ese es el momento de preparar las tierras para la siembra, cuando se volvían a escuchar los cantos de las aves.  Era el tiempo de la Primavera. 

Al atardecer, hacia las 4 de la tarde, se puede ver el triángulo isósceles en la parte superior de la Pirámide de Kukulkán, y luego, poco a poco, se van formando, uno a uno, los siete triángulos que conforman el cuerpo serpentino en la Pirámide.  Siete triángulos isósceles de luz que representan a los siete chakras del cuerpo humano.  “Siete Serpientes” es también el nombre de la semilla del maíz.  La cabeza de la serpiente, situada a un lado de la escalera principal, toma vida al recibir la luz del Sol.  En su boca se depositaba las ofrendas y, en lo alto de la Pirámide se encendía el fuego del Año Nuevo, con el que se procedía a quemar incienso y copal.  Este último, estaba dedicado al ritual del Sol y del fuego.  Se tomaba el “balyé”, una bebida fermentada de miel con pepitas de calabaza y de habas, que simbolizaban el tiempo de siembra.  De esa manera, el último triángulo formado era el primero en desaparecer, en un movimiento que vuelve a conducir simbólicamente, la Serpiente Emplumada hacia el Cielo.  Luego, se repartía el fuego en antorchas a cada familia, recogiendo las banderas, para luego volver en procesiones a la Casa del Señor y, de allí, cada cual, a la suya. 

Posteriormente, con el fuego nuevo, se procedía a quemar los montes para preparar el suelo o la tierra para la labranza.  Utilizando su sabiduría sobre los ciclos naturales, los mayas lograron incrementar su energía vital, así como aumentar su intuición y percibir todo como una unidad de consciencia.  Tuvieron la claridad para prever que nosotros pasaríamos por los mismos procesos evolutivos y nos dejaron claves para ayudarnos.  La serpiente cascabel, “Crotalus Durisuss” en la cultura maya, representa al Sol.  En lengua maya, Tzabcam proviene de los términos Tzab: cascabel y Cam: serpiente.  También Tzabcam quiere decir cuatro; cuatro serpientes, cuatro elementos, cuatro ciclos: nacimiento, crecimiento, madurez y muerte.  Cuatro estados de la Naturaleza; cuatro movimientos de las ondas; las cuatro esquinas del espacio que formaba el Sol en los equinoccios y en los solsticios. 

Para los mayas, la Pirámide de Kukulkán era un reloj solar; cada año en julio, cuando el Sol alcanza su punto más alto en el Cielo, esta Serpiente cambia de piel y, en su cola crece un nuevo cascabel, con forma de corazón, que simboliza el año maya.  Los triángulos isósceles de su piel se vuelven el elemento más importante de la decoración de sus Palacios y sus Pirámides.  Cada veinte días, pierde sus colmillos una vez, tiempo que equivale a la duración de un UINAL MAYA, vale decir, el mes maya.  La serpiente significa el movimiento ondulatorio y cíclico del tiempo.  El cambio de piel de la serpiente y el surgir fresca, cada año, representa la vida eterna, representa la reencarnación, el convertirse en un hombre nuevo.

Los mayas creían que el Espíritu comienza encarnándose en una serpiente, por lo cual, se halla obligado a reptar el polvo del suelo, de la tierra, muriendo y renaciendo, perfeccionándose hasta poder elevarse del Planeta Tierra.    En ese momento desarrolla las emociones encarnándose en un animal, evolucionando paso a paso, hasta nacer como un hombre, obteniendo la razón, el pensamiento.  Una vez que el Espíritu se ha encarnado en un hombre, deja la forma física a través de su propio esfuerzo consciente, elevándose hacia planos superiores, cual si fuera un pájaro, la “serpiente emplumada”. 

La historia de la evolución de la serpiente en águila, es la base de la filosofía maya; el hombre maya se transforma a sí mismo, haciéndose verdaderamente libre, dentro de ese proceso eterno de evolución ascendente de consciencia.  El águila simbolizaba al Espíritu; la pluma representa el elemento aire, al elemento espiritual que permite viajar sin límites y sin fronteras por el Universo.  Las plumas de águila, de quetzal o de cualquier otro pájaro, representaban estados de consciencia; mientras más grande era el penacho de la persona que lo portaba, mayor era su estado de consciencia.  Los mayas ganaban sus plumas en las iniciaciones, con el conocimiento, ya que si los iniciados pasaban las pruebas exitosamente, los maestros los premiaban con los jades, las turquesas, los cascabeles y las plumas.

La Escuela de Misterios de Kukulkán enseñaba a elevar la energía vital, la energía de la serpiente, el kundalini hindú.  Se unen todos los centros energéticos a través de la columna vertebral con la energía del águila espiritual en la cabeza.  Para lograrlo, se requería un acto de sacrificio de la voluntad individual, ante la voluntad suprema de Dios; la voluntad del individuo, la serpiente, es puesta en línea con la voluntad de Dios, el águila.  El individuo debía morir para sí mismo, con el fin de renacer, vinculado con la consciencia cósmica, con el “Todo”, abandonando su identidad ilusoria, su ego, sus “apegos” emocionales, materiales y sexuales.  Esta es la historia que cuentan los murales mayas, pero hay que leerla con los ojos del conocimiento para entenderla.  Años de preparación para enfrentar las pruebas supremas y, entonces, absolutamente solos, encontrarse con Dios.  

El próximo Capítulo está relacionado con la Cuarta Profecía Maya, la cual anuncia el reverdecer del Planeta Tierra, cuando el hielo de los glaciales, que se encuentran en los Polos, se conviertan en agua y ella se ubique donde no ha estado durante miles de años.  Esto cambiará la forma de los Continentes donde vivimos.  También, continuaremos escuchando el eco de las voces de los mayas.

FIN DE LA TERCERA PROFECÍA

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-          Serie Televisiva de Siete Episodios: “LAS PROFECÍAS MAYAS”;  Año 1999

-          GUIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Malkún  -  fmalkun@mac.com

-          La siguiente Página Web de Fernando Malkún, ofrece para la venta los Siete DVD’s correspondientes a las Siete Profecías Mayas:  www.fernandomalkun.com

-          Difusión Autorizada por: Fernando Malkún – Bogotá / Colombia

-          TRANSCRIPCIÓN - EDICIÓN DE SIETE PROGRAMAS TELEVISIVOS EFECTUADA POR: 

Jebner Zambrana Román      jebzam@entelnet.bo

Grupo “AMATISTA” del Maestro Saint Germain

La Paz – Bolivia

 

NOTA: El transcriptor-editor no se hace responsable de los comentarios u opiniones personales contenidas en este texto.  Cualquier crítica, reclamo u observación relacionada con el contenido de la presente Tercera Profecía Maya, debe dirigirla a Fernando Malkún, Director y Guionista de la Serie Televisiva “PROFECÍAS MAYAS”.

Para un mejor entendimiento de los tiempos y los anuncios hechos encada una de las Siete Profecías Mayas, el amable lector deberá conocer que esta Serie compuesta por Siete Episodios (Siete Profecías), fue elaborada el año 1999.  De esa forma, cronológicamente, uno estará mejor ubicado en coordenadas de tiempo y espacio.