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Asunto:[UNION_GLOBAL_DE_LUZ] Desarrollo Evolutivo del Alma Humana
Fecha:Sabado, 23 de Junio, 2001  11:37:19 (-0300)
Autor:Juan Angel Moliterni <claridad @.........ar>

Desarrollo Evolutivo del Alma Humana

 
Este es un Servicio del Centro Escuela CLARIDAD hacia la UNIÓN GLOBAL DE LUZ ˇ El AMOR y la UNIDAD es la MOTIVACIÓN, El SERVICIO es el MEDIO, La DICHA y la LIBERACIÓN son la META.

Desarrollo Evolutivo del Alma humana

El Principio Universal, incognoscible esencia de todo cuanto existe en el Cosmos es denominado: El Absoluto. Este está más allá de toda comprensión. Ninguna expresión o símil de los que somos capaces de concebir, puede expresar la verdadera idea. La manifestación implica limitación. Por lo tanto, podemos caracterizar mejor al Absoluto diciendo que es un Ser Iluminado: la Raíz de toda existencia, el Padre, Dios/Diosa Todo Lo Que Es.

El Arquitecto de nuestro sistema solar o Dios es Triuno: Padre, Hijo y Espíritu Santo o también Voluntad, Amor-Sabiduría y Actividad Inteligente. Situado en la elevada división del Universo en siete planos cósmicos. En el mundo más elevado de este plano cósmico, en el que habitamos, se le encuentra como Dios, pero debajo de él ya no es Dios –es la diversificación del Uno o Universo. Se expresa a sí mismo en diferentes mundos, así como los diversos reinos, humano, angélico, arcangélico, etc., y por lo tanto no lo vemos en la humanidad hasta que alcancemos ese gran mundo que en ocultismo se llama Mundo de Dios, donde el Dios Triuno ES. Este es el Uno.

De este Ser Supremo emanó la Palabra, el Fíat Creador. Su primer aspecto puede determinarse como Poder. De éste procede el segundo aspecto, el Verbo; y de estos dos procede el tercer aspecto: Moción. De este Ser Supremo Triple proceden los siete Grandes Logos. Éstos contienen en sí mismos todas las grandes Jerarquías que se diferencian más y más conforme van difundiéndose a través de los varios Planos Cósmicos. El Logos Solar es uno de los tres aspectos del mismo que comprende la Trinidad.

El Iniciado más elevado del Período de Saturno había alcanzado el punto en el que se hizo uno con el más elevado aspecto de Dios Triuno, así que se le llama El Padre, el padre de todos los que se desarrollan en nuestra evolución. El que le sigue en gloria, el Iniciado más elevado del Período Solar, se había desarrollado hasta unirse con el segundo aspecto del Dios Triuno, y por lo tanto es El Hijo. Este es el Cristo Cósmico, y un rayo de él entró en el cuerpo de Jesús. El tercer Gran Ser, el Único Engendrado, que se menciona en la sentencia del credo cristiano, es aún mayor que Jesús y Cristo, pero no tenemos que tratar de Él por el momento. Sin embargo, es conveniente saber que el Espíritu Santo, el Poder de Dios obrando en todas las naciones, es Jehová, el Iniciado más elevado del Período Lunar.

Al principio de la Manifestación, Dios diferenció dentro de sí mismo a estos Espíritus, chispas de una misma llama que se expanden convirtiéndose primero en hombres y luego en Dioses. Aunque de origen Divino estos Espíritus no disponen de la Conciencia del YO, el poder anímico y la mente creadora, atributos que adquieren durante la evolución.

El período de tiempo dedicado a la adquisición de la conciencia de sí, del Yo, y a la construcción de los vehículos por cuyo intermedio se manifiesta el espíritu del hombre se denomina Involución. Durante los Períodos de Saturno, Solar y Lunar (primeros tres días de la Creación), y la pasada mitad del actual Período Terrestre, los espíritus virginales habían construido inconscientemente sus diferentes vehículos, bajo la dirección de exaltados Seres que guiaron su progreso y los despertaron gradualmente hasta que adquirieron su estado actual de conciencia de vigilia. Este período se llama “Involución” (la involución como la entiende el ser humano en el sentido de “regresión” NO Existe en el Universo). Desde los tiempos actuales, hasta el fin del Período de Vulcano (los próximos tres días de la Creación: Período de Júpiter, Venus y Vulcano), los espíritus virginales, que forman ahora nuestra humanidad, perfeccionarán sus vehículos y expandirán su conciencia a los cinco Mundos por sus propios esfuerzos y genios. Este período se denomina “Evolución”. Involución es el proceso de materialización, Yang, de descenso, cristalización, siguiendo la Onda Creatiz del universo; mientras que Evolución es el proceso de espiritualización, Yin, de ascenso, sutilización, siguiendo la Onda Evolutiva. Todo el sendero, tanto de involución como de evolución, es un camino en forma de “U”, dividido en siete períodos, los siete días de la Creación que representan también el peregrinaje de los Espíritus Virginales en 7 Revoluciones de los 7 Globos en los 7 Períodos Mundiales, lo que implica 777 re-encarnaciones.

El período de existencia durante el cual el ser humano desarrolla su conciencia propia hasta convertirla en divina omnisciencia, se llama Evolución. Conforme miramos en torno nuestro, observamos la lucha en la naturaleza por alcanzar la perfección, lenta pero persistentemente. No encontramos ningún proceso de creación súbita o de destrucción, pero encontramos por doquier a la “Evolución”. La Evolución es la “historia del progreso del Espíritu en el Tiempo”. En todas partes, conforme miramos los variados fenómenos del Universo, vemos que el sendero evolutivo es una espiral. Cada vuelta de la espiral es un ciclo. Cada ciclo se sumerge en el próximo, y las espiras son continuas, siendo cada ciclo el producto mejorado del precedente y el creador de los más desarrollados estados que le siguen. Por todas partes se encuentra la espiral: “hacia delante, hacia arriba y hacia el centro, para siempre”.

El espíritu descendió de los mundo superiores durante la involución y por acción concurrente los cuerpos se elevaron en el mismo período. El encuentro de estas dos corrientes en el foco o mente es lo que marca el punto en el que nace el individuo, el ser humano, el Ego; cuando el Espíritu toma posesión de sus vehículos. Sin embargo, no debemos imaginarnos que una vez alcanzado esto el hombre llegó a su estado actual de evolución haciéndose consciente de sí, ser pensante, etc., como lo es hoy. Antes de que alcanzara este punto tuvo que recorrer un largo y pesado camino, porque en ese entonces los órganos estaban en su estado más rudimentario y no había cerebro alguno que pudiera emplearse como medio de expresión. De aquí que la conciencia fuera entonces lo más pequeña imaginable. En una palabra, el hombre de aquel entonces, estaba lejos de ser tan inteligente como nuestros animales actuales.

El primer paso hacia el mejoramiento fue la construcción del cerebro para usarlo como instrumento de la mente en el Mundo Físico. Generalmente, creemos cuando un niño nace, nace y se acabó todo el asunto; pero así como durante el período de gestación, el cuerpo denso está protegido contra los impactos del mundo externo por la cubierta protectora o matriz de la madre, hasta que ha llegado al suficiente grado de madurez para ponerse en contacto con las condiciones externas, así también sucede con el cuerpo vital, el de deseo y la mente, los que permanecen en estado de gestación más tiempo y nacen más tarde, debido a que no tienen tras sí una evolución tan larga como la del cuerpo, y por lo tanto se requiere más tiempo para que lleguen a la madurez y se individualicen. El cuerpo vital nace a los siete años, cuando el período de crecimiento rápido marca su advenimiento. El cuerpo de deseos nace en la pubertad, a los catorce años, y la mente nace a los veintiuno, cuando se dice que el adulto se ha convertido en hombre, en mayor de edad.

El hombre es un triple Espíritu que posee una mente, gobernando con ella un triple cuerpo, triple cuerpo que emanó de sí mismo para adquirir experiencia. Este triple cuerpo se transforma en una triple Alma, de la cual se nutre, elevándose así de la impotencia a la omnipotencia –inmortalidad. El Espíritu Divino emanó de sí el Cuerpo Denso extrayendo como fruto el Alma Consciente. El Espíritu de Vida emanó de sí el Cuerpo Vital extrayendo como fruto el Alma Intelectual. El Espíritu Humano emanó de sí el Cuerpo de Deseos extrayendo como fruto el Alma Emocional. El triple espíritu echó una triple sombra sobre el reino de la materia, y de este modo el cuerpo denso fue evolucionando como contrapartida del Espíritu Divino, el cuerpo vital como réplica del Espíritu de Vida, y el cuerpo de deseos como imagen del Espíritu Humano (“a imagen y semejanza...”). Finalmente, y lo más importante de todo, se formó el eslabón de la mente como enlace entre el triple espíritu y su triple cuerpo. Este fuego mental dio al hombre la cualidad del “Yo”, una sensación de identidad, y el impulso de investigar e indagar. Esto fue el comienzo de la conciencia individual, y marca el punto donde acaba la involución del espíritu en la materia y donde empieza el proceso evolutivo por el cual el espíritu es extraído de la materia. La involución significa la cristalización del espíritu en distintos cuerpos, pero la evolución depende de la disolución de los cuerpos, la extracción de la sustancia del alma de ellos, y la amalgama alquímica de este alma con el espíritu.

La Sabiduría Sempiterna enseña que: antes que nuestro globo se volviese ovalado, una larga huella de polvo Cósmico o niebla ígnea se movía y retorcía en el Espacio. Incontables millones de años... habían corrido desde que el polvo se acumuló y formó el globo en el que vivimos. Cada globo es una cadena septenaria de muchos de los que sólo un miembro es visible. La Tierra estaba en una condición comparativamente etérea antes de alcanzar su último estado consolidado. La Tierra era etérea, ígnea, luego se volvió radiante, después acuosa y luego se materializó. Lo mismo le ocurrió al hombre. El hombre era esencialmente etéreo e ígneo, luego se volvió radiante, después acuoso, y luego desarrolló sus huesos y cuerpo físico.

Nuestro globo está ahora en el cuarto ciclo de su gran tránsito (o cuarto día de la Creación). Cada globo (en total 7) deberá pasar a través de siete grandes ciclos que se llaman Rondas. Nuestro globo está ahora en la Cuarta Ronda o Período. Nuestro sistema solar es el cuerpo de una Gran Entidad, Quien tiene siete grandes centros en Su cuerpo. Estos siete centros son las grandes vidas que animan siete planetas sagrados. Los planetas sagrados son aquellos planetas cuyas Almas han pasado ciertas iniciaciones o desarrollos cósmicos.

En cada período global desarróllanse siete razas principales y ahora estamos en la Quinta Raza. Nuestro planeta tuvo la Primera Raza, luego la Segunda Raza. La Tercera Raza se llamó Raza Lemuriana. La cuarta se llamó Raza Atlante. Y la quinta, la presente, se llama Raza Arya.

En la mitad de la Tercera Raza, la Lemuriana, hace 18 millones de años, ocurrió un gran acontecimiento. La Gran Vida de nuestro planeta (esta Gran Vida recibe diferentes nombres en diferentes tradiciones: el Anciano de los Días, Sanat Kumara, el Vigía Silencioso, Melquisedec, etc.) vio que la humanidad no se desarrollaba en proporción al desarrollo de las vidas de los otros planetas, y de un modo eso obstaculizaba el progreso dentro del sistema solar. Decidió reencarnar en los niveles etéricos superiores y ayudar a la humanidad. Para esta finalidad, El trajo, de los reinos superiores, algunos Seres Que eran Almas avanzadas en ciclos anteriores. Asimismo, pidió la ayuda de otras seis Grandes Vidas, Quienes estaban kármicamente cerca de El.

En muchas religiones hállase una tradición, en el Ramayana, en el Mahabharata, en la Biblia, en los viejos escritos de la China, Caldea, Grecia y América del Sur, en el sentido de que Seres avanzados y huestes de Ángeles visitaron este planeta y caminaron entre los hombres. El ingreso de estos Ángeles aceleró tremendamente el progreso de la raza humana.

Su personalidad es un reflejo, como la Luna Llena lo es del Sol, es la sombra del Espíritu; aparece como una luz difusa en los vehículos inferiores, en los planos físico, emocional y mental. Llamamos el reflejo, o la sombra, al alma humana en evolución, cuya fuente el Espíritu o la Chispa. En su esencia, el hombre es la Chispa, pero la Chispa ha “caído” y va a la escuela a través de los reinos elemental, mineral, vegetal, animal y humano. Es sólo en el reino humano que, a través de la ayuda del Señor entrante –la Presencia-, la luz difusa de la Chispa empieza a despertarse y a formar una conciencia de la identidad, la “Yo-idad”, la “si-idad”, o un centro en sí mismo, una individualidad.

Este florecimiento o despertar insumirá edades. El alma humana en desarrollo atravesará iniciaciones (expansiones de la conciencia) en la etapa en que podrá ver su propia hondura interior y la visión de su propio devenir. Sentirá su majestad y caminará conscientemente hasta su trono para regir su reino como un Señor consciente, liberando a las pequeñas vidas con las que entra en contacto. Esta etapa de logro se define como la Cuarta Iniciación, cuando el cuerpo causal, o el cuerpo de la Presencia, es destruido y el Morador pasa a los senderos superiores de la evolución (como la metamorfosis de una mariposa).

El cuerpo causal tiene la forma de un loto. También se lo llama el Cáliz que contiene la Chispa dadora de vida, o la Joya, que irradia la luz, el amor y el poder a medida que el hombre avanza en su meditación y en su vida de servicio sacrificatorio.

Un iniciado del tercer grado tiene un Loto desarrollado de nueve pétalos, y ha construido la primera parte del Antakarana, el Puente del Arco Iris. El Antakarana es esa línea sutil de comunicación entre los cuerpos, el Alma, y la Tríada Espiritual. En un sentido, el Antakarana es el alma humana evolucionante, que lentamente une un vehículo con otro, establece “puentes”, y eventualmente llega al Alma, y después al Espíritu.

En la evolución de nuestra Tierra se ha denominado así a un período de tiempo en el cual comenzó la evolución humana y que estaba confinada en la región polar del Sol. Nuestra Tierra era todavía parte del Sol y se encontraba en estado ígneo, es decir, las sustancias que ahora componen nuestro mundo estaban en fusión y la atmósfera era gaseosa. De esta sustancia sutil, química, del Sol, construyó el hombre su primer cuerpo mineral, ayudado por los Señores de la Forma. Esta es la Época Polar.

El período de tiempo que sucedió a la Época Polar y a cuyo fin la Tierra fue diferenciada y arrojada y comenzó a girar alrededor del Sol, se denomina Época Hiperbórea. Durante esta época el hombre atravesó el estado vegetal, pues tenía entonces un cuerpo denso y uno vital y una conciencia semejante a la del sueño sin ensueños. Durante la primera parte de la Época Hiperbórea, mientras la Tierra estaba todavía unida al Sol, las fuerzas solares suministraban al hombre el sustento que necesitaba e inconscientemente éste irradiaba el exceso fuera de sí mismo con el propósito de propagarse. Al finalizar la Época Hiperbórea, la parte que ahora es la Tierra fue arrojada del Sol y comenzó a girar en torno del cuerpo de su padre, siguiendo una órbita un tanto distinta de la que ahora sigue. Poco después fueron arrojados Venus y Mercurio. En ese tiempo, en la Época Hiperbórea, el cuerpo del hombre era un enorme saco gaseoso, flotando sobre la tierra ignescente, y arrojaba de sí esporos parecidos a los de los vegetales, que crecían y eran aprovechados por otras entidades nacientes. En aquel entonces el hombre era bisexual, hermafrodita.

En la tercera, o Época Lemúrica, el hombre tuvo su cuerpo de deseos y estaba constituido análogamente al animal: un hombre-animal. En este lapso actuaron sobre el hombre varias jerarquías como Arcángeles, Señores de la Mente y de la Forma que le ayudaron marcando el nacimiento de la individualidad.

En la Biblia hay una descripción de los primeros habitantes de la Tierra. Son denominados Adán y Eva; pero debidamente interpretado esto significa la raza humana, la cual gradualmente se arrogó (donación) el poder de la pro-creación, convirtiéndose de este modo los espíritus humanos en agentes libres. La humanidad obtuvo así una libertad y se la hizo responsable ante la Ley de Consecuencia (también llamada Ley del Karma o Causa y Efecto), quedando entonces separada del Árbol de la Vida y del estado que conocemos como etéreo.

A mediados de la Época Lemúrica, se efectuó la separación de los sexos, el Ego comenzó a obrar ligeramente en su cuerpo denso, creando órganos internos. El hombre no tenía en aquel entonces la plena conciencia de vigilia que hoy posee, pero por medio de la mitad de la fuerza sexual, construyó el cerebro para la expresión de su pensamiento. Estaba más despierto en el Mundo Espiritual que en el Físico; apenas podía ver su cuerpo y estaba inconsciente del acto de la propagación. No había ni dolor ni perturbación alguna relacionada con el parto; ni se enteraba de la pérdida de su cuerpo denso al morir, o de su nueva instalación en otro cuerpo denso al renacer. La fuerza creadora que ahora empleamos para construir casas, edificios, aviones, computadoras, etc., en el mundo externo, se empleaba en la Época Lemúrica internamente en la construcción de órganos. Como todas las demás fuerzas, ésta era dual positivo-negativo. Un polo fue dirigido hacia arriba para la formación del cerebro, dejando el otro polo disponible para la creación de otro cuerpo. De esta manera el hombre dejó de ser Unidad creadora completa. Cada ser humano poseía la mitad de la fuerza creadora, y entonces tuvieron que buscar su complemento fuera de sí mismos. Pero en aquel tiempo “sus ojos no se habían abierto aún” y los seres humanos de aquella edad estaban inconscientes unos de otros en el Mundo Físico, si bien, estaban muy conscientes y despiertos en el Mundo espiritual. Por consiguiente, bajo la dirección de los Ángeles, que estaban especialmente preparados para ayudarles en lo que concierne a la propagación, se les juntaba en ciertas épocas del año, cuando las fuerzas planetarias eran propicias, en grandes templos, donde se efectuaba el acto creador como un sacrificio religioso.

Luego de la Época Lemúrica viene la cuarta Época, la Atlántida. La antigua Atlántida difería de nuestro mundo actual en muchas cosas, pero su mayor diferencia se encontraba en la constitución de su atmósfera y del agua de aquella época. Había mucha agua en suspensión en la pesada y nebulosa atmósfera de la Atlántida. A través de esa atmósfera nunca brillaba el Sol con claridad. Aparecía como rodeado de una aura de luz vaga, como sucede con las luces de las calles en tiempos de neblina, y las líneas de los objetos distantes se veían borrosas e inciertas. El hombre se guiaba más por su percepción interna que por su visión externa. En la Época Atlante se desarrollaron las siguientes siete Razas: Los Rmoahals formaron la 1ra. Raza; Los Tlavatlis formaron la 2da. Raza; Los Toltecas formaron la 3ra. Raza; Los Turanios formaron la 4ta. Raza; Los Semitas formaron la 5ta. Raza; Los Acadios formaron la 6ta. Raza; Los Mongoles formaron la 7ma. Raza. Conforme las pesadas neblinas de la Atlántida se condensaban más y más, la creciente cantidad de agua fue inundando gradualmente ese continente, destruyendo la mayor parte de la población y las evidencias de su civilización. Pero un gran número se salvó del continente que se sumergería bajo las inundaciones y ganaron la Europa.

Luego viene la Época Arya. Se denomina así porque fue el período de tiempo en el cual nació la raza Arya en el Asia Central, descendiente de los Semitas, la cual perfeccionó la mente y la razón y a la que pertenecemos. En la época presente (la quinta o Arya), el hombre conoció el uso del fuego y de otras fuerzas, cuyo divino origen se le ocultó intencionalmente, a fin de que pudiera emplearlo libremente para los más elevados propósitos de su propio desenvolvimiento. Por lo tanto, tenemos en la actual época dos clases: una que mira a la Tierra y al hombre como siendo de origen divino; la otra que ve todas las cosas desde un punto de vista puramente utilitario. Los más avanzados de nuestra humanidad obtuvieron al principio de la Época Arya las Iniciaciones superiores para que pudieran ocupar el lugar de los Mensajeros de Dios, o sea los Señores de Venus. Tales Iniciados humanos, fueron desde ese tiempo los únicos mediadores entre el hombre y Dios. Aunque no aparezcan públicamente ni muestren signos o maravillas son, sin embargo, los Guías y Maestros. El hombre quedó en completa libertad de buscarlos o no, según deseara. Los nombres de las razas que han aparecido sobre la Tierra durante la Quinta Época hasta ahora, son los siguientes: 1) La Arya, que fue hacia el Sur de la India; 2) La Babilónico-Asirio-Caldea; 3) La Perso-Greco-Latina; 4) La Céltica; 5) La Teutónico-Anglo-Sajona. Dos razas más se desarrollarán en nuestra Época actual, siendo una de ellas la Eslava. Cuando, en el transcurso de unos cuantos años, el Sol (debido a la precesión de los equinoccios) haya entrado en el signo de Acuario, cierta raza alcanzará un grado de desarrollo espiritual que los llevará mucho más allá de su condición actual. De ellos descenderá un pueblo que formará la última de las siete razas de la Época Arya, y de otro pueblo descenderá la última de todas las razas de este esquema evolutivo, que comenzará su curso al principio de la Sexta Época.

La Forma fue construida por Evolución; el Espíritu la construyó y entró en ella por Involución; pero el ser humano fue dotado de un poder, el medio para inventar los mejoramientos o perfeccionamientos, ese poder se llama Epigénesis, es el poder que nos vuelve Co-Creadores con Dios de nuestro Destino en el plano físico. El padre y la madre dan la sustancia de sus cuerpos para construir el cuerpo del niño, pero, la Epigénesis hace posible se agregue algo, lo que hace al niño diferente de sus padres. Cuando la Epigénesis no actúa o se hace inactiva en el individuo, la familia, la nación o la raza, cesa la evolución y comienza la degeneración. Durante toda la vida la cualidad denominada Epigénesis está en actividad; esta cualidad es el poder de poner en acción a un número limitado de causas nuevas, las cuales no están determinadas ni impuestas a nosotros por nuestros actos del pasado. Si estuviéramos totalmente sujetos al pasado e incapaces de generar nuevas causas, nos sería imposible desarrollar poder creador original alguno, ni habría libre albedrío. Aquí viene a ayudarnos la facultad espiritual de Epigénesis, capacitándonos, si así es nuestra voluntad, para abrirnos el paso hacia esferas de poder y actividad provechosa todavía mayores. Epigénesis es la actividad original creadora del Espíritu, es la palanca que con la mente como apoyo logra que la Involución se haga Evolución –Ascensión; la cualidad de “genio” que el ser evolucionante debe cultivar para convertirse en Dios. Epigénesis es el libre albedrío que supone la elección entre dos cursos de acción. Existe una gran tendencia a pensar que todo lo que ahora existe es el resultado de algo que existió previamente, pero si fuera éste el caso no habría margen para esfuerzos nuevos y originales que evocaran nuevas causas. La cadena de causas y efectos no es una repetición monótona. Hay un influjo continuo de causas nuevas y originales. Hay un universo flexible lleno de oportunidades, de posibilidades. Esta es la base real de la evolución, la única cosa que le da significado y la que la invierte en algo más que un simple desdoblamiento o desarrollo de cualidades latentes. Este es el importante factor que sólo puede explicar el sistema al que pertenecemos de una manera satisfactoria.

La Lemuria pereció por el fuego, terribles cataclismos la convirtieron en la Atlántida. Mientras estuvo sepultada bajo las olas dando lugar a Arya, la Tierra que vemos en nuestra actual Época Arya, pero que pronto pasará. Vendrá “un nuevo cielo y una nueva tierra”, que la Escuela Ocultista Occidental llama la “Nueva Galilea”. En las primeras dos Épocas el hombre desarrolló un cuerpo y lo vitalizó; en la Época Lemúrica desarrolló el deseo; en la Época Atlante produjo la astucia; y el fruto de la Época Aryana es la razón. En la Nueva Galilea la humanidad tendrá un cuerpo mucho más fino y etérico que ahora, la Tierra será transparente también y el resultado será que esos cuerpos serán más permeables a los impactos espirituales de la Intuición. Además, la Nueva Galilea estará formada por éter luminoso y transmitirá la luz solar. Esa tierra será una tierra de Paz (Jer-u-salem), porque la Fraternidad Universal unirá a todos los seres de toda la Tierra en el Amor. No podrá existir la muerte, porque el árbol de la vida, la facultad de generar fuerza vital, se habrá hecho posible por medio del órgano etérico de la cabeza, que se desarrollará en todos aquellos que van siendo elegidos como progenitores de la humanidad de la Época venidera. En resumen, la Nueva Galilea simboliza en lenguaje ocultista el Reino de los Cielos; la Edad Dorada, el Nuevo Cristianismo.

En Gratitud, Unidad, Orden, Luz y Amor...
¡Bendiciones Infinitas en todos los planos!
Juan Angel Moliterni


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La meditación es una de las herramientas más poderosas que existen para ayudarnos a restablecer la armonía en nuestro interior y así tener acceso a la inteligencia interna de nuestro cuerpo individual y colectivo. La meditación se ha hecho accesible en la actualidad para que pueda aprenderse fácilmente y pueda ser practicado por cualquier persona. Es a través de la meditación cómo las personas se conectan con un campo unificado y cuando el individuo actúa desde este nivel, recibe todo el apoyo de las fuerzas de la naturaleza, y se ubica en el campo de todas las posibilidades. Con la meditación contactamos los pensamientos y éstos son respaldados por el infinito poder organizador del cosmos, teniendo así la máxima eficacia en la acción. Los Maestros de Sabiduría dicen: “Manténganse centrados, benditos Corazones. Comprendan el creciente poder de vuestros rituales globales y la necesidad de trabajar juntos en acciones colectivas positivamente orientadas. El vivir transpersonalmente, es la clave en los próximos 12 años”. Los invitamos a hacerse, junto con las fuerzas directivas del universo, co-creador/co-creadora del mundo creado y por crear:

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